La tozuda y reiterada realidad de los accidentes de trabajo

La tozuda y reiterada realidad de los accidentes de trabajo
Todos los años, cuando termina el verano la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) se concentra por las muertes ocurridas en accidente laboral. En este período, se han producido en nuestra provincia, dos accidentes con resultado de muerte:

El 19 de julio murió el conductor de un camión articulado cuando se salió de la autovía en el puente sobre el río Genil cercano a la población cordobesa de Benamejí. Testigos presenciales relatan que circulaba a una velocidad correcta pero que no tomó la curva, rompiendo las protecciones y precipitándose al vacío desde una altura de unos 100 metros. En el impacto contra el suelo se produjo una explosión que calcinó la cabina y produjo un incendio forestal. No había rastro de frenada por lo que las hipótesis abarcan desde un posible adormilamiento hasta el

El 10 de septiembre un hombre de 35 años falleció en la capital cordobesa, cuando le golpeó en la cabeza un cristal de gran tamaño que cayó al volcar el camión que lo transportaba.

Según el Ministerio de Trabajo y Economía Social, esta situación de muerte se ha repetido en nuestra provincia entre enero y julio en diez ocasiones: ocho en jornada laboral y dos in itinere. En ese mismo período se han producido en Córdoba 77 accidentes graves (uno cada tres días). En España los accidentes laborales con baja se han incrementado en más del 20%, de ellos, curiosamente los accidentes de tráfico han aumentado el 29% y los choques o golpes contra objetos en movimiento (como el cristal) un 15,5%.

Cuando una realidad se repite de forma tan tozuda y reiterada se tiende a normalizar y no se percibe como algo raro y excepcional que ha de ser erradicado. Si lo normalizamos, relajamos las medidas de control e inspección y también la presión social, mediática y política necesaria para eliminar la siniestralidad laboral.

Da pena ver como la prensa se centra en los detalles de los accidentes, los más molestos y los más morbosos: la explosión, el incendio, las retenciones en la autovía, el golpeo del cristal en la cabeza, etc., pero nada sobre los fallecidos y sus familias, nada sobre las causas que han provocado esos accidentes.

Eso ocurre, porque en nuestro mercado laboral la persona no ocupa el centro, ha sido desplazada por la rentabilidad económica en la que la prevención y la formación en riesgos laborales son solo costes que reducen la producción y el beneficio.

En la HOAC pensamos que la persona es lo primero y que todo lo demás debe estar subordinado a ella. Por eso, apoyamos las palabras del papa Francisco cuando dice “…que no prevalezca la lógica del provecho, sino la de la solidaridad y la justicia. ¡En el centro de toda cuestión, también la laboral, hay que colocar siempre a la persona y su dignidad! ¡Con el trabajo no se juega!” (Roma, 3 de septiembre de 2014).