La COVID-19 dispara la privación material en un 50%

La COVID-19 dispara la privación material en un 50%
La pandemia de la COVID-19 ha dejado en situación de privación material severa, sin acceso a las productos y servicios básicos, a uno de cada diez niños, niñas y adolescentes; una de cada siete personas que viven en familias monoparentales; una de cada cuatro personas extranjeras provenientes de países no UE y una de cada 20 españoles o españolas.

La privación material severa ha aumentado casi un 50% en el último año, afectando a 3,3 millones de personas, lo que permite al responsable de Investigación de EAPN-ES y coordinador del XI Informe El Estado de la Pobreza. Seguimiento del indicador de pobreza y exclusión social en España 2008 – 2020, Juan Carlos Llano, a afirmar que “en términos de privación material severa, la COVID-19 ha tardado un año en conseguir lo que la crisis económica anterior tardó seis en alcanzar”.

Los datos presentados hoy en el Senado confirman que el impacto de la pandemia de la COVID-19 ha sido mayor en los estratos de población que ya se encontraban en situación de mayor vulnerabilidad antes del inicio de la última crisis, en toda la población,  (15 de las 17 comunidades autónomas) y en todos los grupos y segmentos analizados.

Ha aumentado el porcentaje de personas que llegan con mucha dificultad a fin de mes, que pasa del 7,8 % al 10 % de la población, es decir, 4,73 millones de personas; la tasa de riesgo de pobreza y exclusión social (AROPE), pasando del 25,3 % al 26,4 % (12,4 millones de personas afectadas).

España sigue siendo uno de los países europeos con mayor desigualdad, en concreto ocupa la sexta posición de la Unión Europea, solo por detrás de Bulgaria, Rumanía, Letonia, Lituania e Italia. La renta del 20% más rico de la población es 5,8 veces más elevada que la del 20% más pobre.

EAPN-ES considera imprescindible realizar un esfuerzo suplementario para cumplir los objetivos, más aún en un contexto de crisis como el actual. Medidas como el Ingreso Mínimo Vital, el incremento del salario mínimo y otras han contribuido a paliar las consecuencias de la COVID-19, pero sus efectos sobre la pobreza y exclusión social más severas todavía no se ven reflejados.