Perspectiva de los movimientos populares de “#FratelliTutti”

Perspectiva de los movimientos populares de “#FratelliTutti”
Intervención de Charo Castelló en el encuentro mundial de movimientos populares con el Vaticano. 24/10/2020. Zoom. Un resumen de esta ponencia está publicado con el título Fratelli tutti: anhelo de fraternidad, solidaridad y justicia social en www.fratellitutti.va, web dedicada a la encíclica del papa Francisco y promovida por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

Introducción

Quiero empezar esta aportación agradeciendo la posibilidad de este encuentro, gracias a todas las personas que habéis estado dando todo para que fuese posible.

Tuve un poco de susto cuando se me planteó la posibilidad de presentar la última encíclica del Papa, y con mucho respeto y con un gran reto acepté y aquí tenéis el resultado fruto de una lectura de la misma pasada por el corazón y por la razón. Una lectura en la que he pretendido identificar caminos para poder hacer realidad esa utopía de una gran familia humana con la que sueña Francisco y con la que soñamos tantas personas.

No pretendo explicar todo el contenido de la encíclica, no tenemos tiempo para ello y además creo sinceramente que es mejor que se la lean ustedes, pero sí quiero compartir esas resonancias que he encontrado que se hacen eco en la experiencia que como militante trabajadora cristiana descubro en mi vida, y en la vida de muchos compañeros y compañeras creyentes, y no creyentes, que con gran generosidad gastan su vida en la lucha por la dignidad humana. Un gran reto que siempre hemos querido poner en el corazón del debate internacional expresado de múltiples maneras: trabajo digno para todas las personas, tierra para comer, techo para cobijo

Estamos de nuevo en un contexto de diálogo, como lo hemos hecho durante estos años en los encuentros mundiales de los movimientos populares con Francisco, en ese contexto quiero situar estas palabras a la luz de esta experiencia vital. He querido recoger algunas de las propuestas que Francisco hace en la encíclica Fratelli tuti y que nos pueden ayudar a seguir soñando, caminando y construyendo.

Quizás antes de comenzar también quiero compartir algunos sentimientos que he tenido durante la lectura de la encíclica.

El primer sentimiento que he tenido es de alegría y agradecimiento porque esta palabras del papa sean públicas, porque la encíclica nos propone de nuevo soñar, la posibilidad de una utopía necesaria y además realizable, porque hay millones de personas que no pueden desarrollar su vocación como personas y esto es suficiente razón, segundo porque hay millones de personas de buena voluntad que quieren darle la vuelta al mundo en el que vivimos

El segundo sentimiento que he tenido es un sentimiento de gratitud, por poner de manera tan clara que la cuestión social, la cuestión política, la cuestión económica forman parte del amor. En nuestros movimientos llevamos años reivindicando que la caridad, sino es también política no es caridad. Ver esto reflejado, aunque en otras encíclicas ya se reflejó, con la claridad con la que está reflejada, sinceramente me ha dado un enorme empujón y un enorme ánimo porque de alguna manera es

reconocer el trabajo de todas las personas que estamos empeñadas en que el amor, la caridad,… no es solo dar de “comer”, sino trabajar por transformar esas estructuras sociales, económicas, esa cultura, que impiden que las personas puedan “comer”, tarea de toda la humanidad , pero como creyente supone un gran reto en nuestro compromiso cristiano, social y político.

El tercer sentimiento es de desasosiego, de urgencia, en mi familia en mi entorno, muchos de ellos militantes cristianos dedicados a la evangelización del mundo del trabajo, hemos visto como en tantos lugares de esta tierra son pisoteados los derechos de las personas trabajadoras. Nos hemos peleado a veces con mucha vehemencia por la importancia del trabajo en la vida de las personas, no solo por lo que significa de aporte económico que es fundamental, en el mejor de los casos, sino porque es un espacio de desarrollo, de creación, de construcción de espacios de relación, y frente a la paciencia histórica que a veces hemos oído y que estamos mejor que en otras épocas de la historia, el sentimiento que se me produce es que hay urgencia, hay una tremenda urgencia de virar el rumbo, porque de otro modo vamos a una autodestrucción de dimensiones importantes y hacia la deshumanización, ya estamos viviendo algunas manifestaciones.

Reconocer un sentimiento de posibilidad, de esperanza de encuentro, de reconocimiento. Encontrar que una encíclica habla del amor social me parece de gran valor, no solo porque se habla de él, sino porque para escribir esta palabras comprobamos que se recogen las aspiraciones más profundas y  que nos confraternizan de muchas personas y con muchas personas, como el Gran Imán de Al-Azhar y complementadas por “numerosos documentos y cartas” enviados a Francisco por “tantas personas y grupos de todo el mundo” (5)

Y por último he descubierto a lo largo de la carta que las propuestas de cambio a las que hace referencia, nuestros estilos de vida, como tendría que ser la organización social, económica y política, esa nueva cultura… ya están siendo realidad, una realidad incipiente, hay muchas personas comunidades, organizaciones populares, movimientos sociales, empresas, partidos políticos, sindicatos, etc, qué quieren y ya están viviendo de este modo, que este sueño se está realizando en muchos rincones de nuestros pueblos y sociedades y se trata de universalizarlo.

Si me permitís voy a intentar compartir cuales han sido los aspectos, los focos, los textos y contenidos más relevantes que me han llamado la atención, con el objetivo de animaros a que hagáis vuestro propio recorrido, vuestra propia experiencia animándoos a leerla, a compartirla con otras personas y  a sacar vuestras propias interpelaciones o llamados como dice Francisco, me encanta esta palabra.

En primer lugar, me gustaría poner en relación Fratelli tutti con algunas de las últimas encíclicas papales que utilizan un mismo hilo conductor y es el de que la cuestión social se ha convertido en fundamental para la construcción de la fraternidad.

Quiero recordar especialmente dos encíclicas que aportan una riqueza extraordinaria respecto a los horizontes hacia los que caminar como humanidad.

En la encíclica Caritas in veritate, Benedicto XVI afirmó que “la cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica” (n. 75).

El papa Francisco ha dado siempre mucha importancia a la necesidad de recuperar el sentido de nuestra humanidad. En Laudato si’ subrayó con fuerza que ante el clamor de los pobres y de la Tierra muchas cosas tienen que cambiar de rumbo, pero “ante todo la humanidad necesita cambiar. Hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos” (n. 202).

Podríamos decir que la encíclica Fratelli tutti (Hermanos todos), es una llamada a construir el mundo desde la recuperación del sentido de nuestra humanidad, el sentido de nuestra existencia: somos hermanos y hermanas. Y plantea a lo largo de diversos capítulos: que vivir y actuar en coherencia con ese ser fraterno es lo que puede cambiar nuestro mundo:

“Frente a diversas y actuales formas de eliminar o ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social” (n. 6).

“Hacer renacer entre todos un deseo universal de hermandad” (n. 8).

“Es posible anhelar un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos” (n. 127).

Francisco propone e invita a un sueño en el sentido más noble de la palabra. Una utopía en el sentido más integral.

La encíclica es muy hermosa en ese sentido. Porque nos está invitando todo el tiempo, detrás de cada capítulo a realizarnos una pregunta y ¿si fuera posible otro mundo?

Y si fuera posible que las personas no se mueran de hambre? Y si fuera posible abolir la esclavitud y la trata de personas? Y si fuera posible abolir la guerra?

Y si fuera posible que la ciencia y la tecnología estuvieran al servicio del bien común y no solo de unos pocos?

Y si fuera posible que todo el mundo tuviera techo tierra y trabajo?

Y si fuera posible sentirnos hermanos y hermanas y no solo vecinos? Y si fuera posible ….

No se trata de una ensoñación o de una quimera, de un delirio como el mismo expresa, sino de despertar la capacidad de imaginar una realidad nueva y distinta, que es el primer e indispensable paso para caminar hacia ella, para construirla. Es lo que nos hace reaccionar y actuar en coherencia con nuestro ser y vocación.

No se trata de una propuesta solo para creyentes que se queda en el terreno de lo “privado” sino de una propuesta de diálogo con todas las personas de buena voluntad creyentes o no.

Frente a una cultura dominante que uniformiza, que aliena, que ofrece datos pero esconde verdades, frente a una cultura de la negación del otro o de la otra, especialmente si es distinto, etc.  Propone una nueva lógica para la construcción de nuestras vidas y de nuestro mundo: la de la fraternidad y la amistad social, tantas veces arrinconadas. Fundamentadas en el amor y, particularmente, en el amor social y político, en la caridad política. Y lo hace desde una convicción muy clara y concreta que Francisco ha expresado muchas veces, de forma particular en sus encuentros con los Movimientos Populares que resuenan en toda la encíclica: “este sistema no se aguanta”, es un enorme desastre humano.

Ahora lo expresa así: “Si alguien cree que solo se trata de hacer funcionar mejor lo que ya hacíamos, o que el único mensaje es que debemos mejorar los sistemas y las reglas ya existentes, está negando la realidad” (7). Necesitamos cambios en profundidad.

“Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones cada uno con su propia voz, todos los hermanos” (8)

Cap 1. Francisco nos comparte su mirada de la realidad, un mundo cerrado lleno de sombras

“Las sombras de un mundo cerrado” como él mismo expresa son bien conocidas porque se viven en carne propia en multitud de compañeros y compañeras de los movimientos populares, personas de nuestro “PUEBLO” en mayúsculas, ese pueblo sufriente y descartado en tantos rincones de nuestra tierra. Francisco nos presenta un ver de donde los “sueños se rompen a pedazos” una mirada que es fácil de detectar si miramos desde el corazón, desde la ternura, y no solo como meros datos objetivos.

La encíclica plantea las numerosas injusticias de la época contemporánea: la manipulación y la deformación de conceptos como democracia, libertad o justicia; la pérdida del sentido de lo social y de la historia; el egoísmo y la falta de interés por el bien común; la prevalencia de una lógica de mercado basada en el lucro y la cultura del descarte; el desempleo, el racismo, la pobreza; la desigualdad de derechos y sus aberraciones, como la esclavitud, la trata, las mujeres sometidas, el tráfico de órganos, la globalización mal entendida, (15). La mejor manera de dominar y avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante (10-24) enfatiza el Papa. “El descarte mundial (18) hay partes de la humanidad que parecen sacrificables en beneficio de una selección que favorece a un sector humano digno de vivir sin límites”

Un descarte que se expresa de múltiples maneras: obsesión por reducir los costes laborales, en racismo, en reglas económicas eficaces para el crecimiento económico pero no así para el desarrollo humano integral, aumenta la riqueza pero también la pobreza, los derechos humanos no son suficientemente universales. (22)

Dando la alarma también contra una “cultura de los muros” que favorece la proliferación de mafias, alimentadas por el miedo y la soledad (27-28).

Además, hoy en día, hay un deterioro de la ética (29) a la que contribuyen, en cierto modo, los medios de comunicación de masas que hacen pedazos el respeto por el otro y eliminan todo pudor, creando círculos virtuales aislados y autorreferenciales, en los que la libertad es una ilusión y el diálogo no es constructivo (42-50).

Como fondo la pandemia de este virus que no ha hecho más que empeorar y ahondar en el sufrimiento de millones de personas. “El dolor , la incertidumbre, el temor, y la conciencia de los propios límites que despertó la pandemia hacen resonar el llamado a repensar nuestros estilo de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia” (33)

La situación de la dignidad humana en las fronteras, “regímenes populistas o planteamientos económicos liberales que sostienen en que hay que evitar la llegada de personas migrantes (38).

“La mentalidad xenófoba que se da en ciertos cristianos, inaceptable que compartan esta mentalidad y estas actitudes haciendo prevalecer a veces ciertas preferencias políticas por encima de hondas convicciones de la fe: la inalienable dignidad de cada persona más allá de su origen, color, religión y la ley suprema del amor fraterno” (39)

Francisco plantea todas aquellas dimensiones de la vida de las personas que hoy están pisoteadas, ¡no se puede sostener tanto sufrimiento!

Cap 2. Hay un propuesta de cómo avanzar hacia una mayor humanidad

Ante las sombras de un mundo cerrado, sin un proyecto para todos y que descarta a tantas personas, Francisco nos invita a la esperanza y a la responsabilidad a partir del mensaje de la parábola del buen samaritano, “la necesidad de la cultura del cuidado, de cuidarnos los unos a los otros, y no la indiferencia”. (57)

“No es una opción posible vivir indiferentes ante el dolor, no podemos dejar que nadie quede a un costado de la vida. Esto nos debe indignar, hasta hacernos bajar de nuestra serenidad para alterarnos por el sufrimiento humano. Eso es dignidad” (68). La existencia de cada uno de nosotros está ligada a los demás” (66). Tenemos una gran oportunidad de recomenzar de manifestar la esencial fraternidad, nos invita a ser parte activa de esta rehabilitación, sanación de las sociedades heridas y tenemos espacios de corresponsabilidad para juntos poder hacer este camino.

Cap 3 y 4. Nos anima a pensar y gestar un mundo abierto, un corazón abierto al mundo entero

La encíclica está permanente llamando a “pensar y gestar” un mundo abierto por el amor universal, muestra las potencialidades de la apertura a todas las personas sin los límites de las fronteras que niegan la dignidad y los derechos fundamentales de tantas y tantas personas.

Estamos hechos de tal modo que si no es desde la entrega sincera hacia los demás (87) no es posible el “amor social”. La visión que Francisco plantea del amor no es solo el afecto, el cariño, las buenas actitudes, la amabilidad, etc, que son fundamentales, sino un amor que implica algo más que una  serie de acciones benéficas. “El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida” (94). Buscar lo mejor para la vida de las personas tiene enormes consecuencias en la organización de las sociedades. Es un criterio fundamental que nos tiene que ayudar a valorar cómo respondemos a las necesidades de cada persona individual y colectivamente.

Francisco plantea con mucha claridad que «el solo hecho de haber nacido en un lugar con menores recursos o menor desarrollo no justifica que algunas personas vivan con menor dignidad». Este es un principio elemental de la vida social. (106). “Todo ser humano tiene derecho a vivir con dignidad y a desarrollarse integralmente, y ese derecho básico no puede ser negado por ningún país. Lo tiene aunque sea poco eficiente, aunque haya nacido o crecido con limitaciones. Porque eso no menoscaba su inmensa dignidad como persona humana, que no se fundamenta en las circunstancias sino en el valor de su ser. Cuando este principio elemental no queda a salvo, no hay futuro ni para la fraternidad ni para la sobrevivencia de la humanidad”. (107)

Nos propone una experiencia de solidaridad de mayor calado que la que habitualmente estamos acostumbrados a vivir. “Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos”. Manifiesta de esta manera uno de los elementos importantes que propone la doctrina social de la iglesia sobre el principio de uso común de los bienes para todos, como el primer principio de todo el ordenamiento ético-social. Cuando los movimientos populares reivindicamos las 3T, estamos queriendo que se ponga en práctica este principio y que tiene enormes consecuencia para la vida de las personas, el agua, la tierra, la cultura, el trabajo etc, son todos bienes universales que nadie tiene derecho a apropiarse de ellos.

La solidaridad, “también es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero. […] La solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los movimientos populares». (116)

En ese sentido, la encíclica está llena de esperanza, con una visión de nuestro mundo y de cómo podemos responder a las necesidades humanas muy pegada a la realidad concreta. Francisco es muy concreto en sus propuestas. Por ejemplo, al referirse a la necesidad de volver a proponer la función social de la propiedad para que no haya excluidos, dice: “El derecho a la propiedad privada solo puede ser considerado como un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes, y esto tiene consecuencias muy concretas que deben reflejarse en el funcionamiento de la sociedad. Pero sucede con frecuencia que los derechos secundarios se sobreponen a los prioritarios y originarios, dejándolo sin relevancia practica”. 120

No solo es que la tierra sea un espacio abierto, sino que entendida así la solidaridad nos lleva a la acogida sin peros de las personas inmigrantes, y propone acciones concretas para hacer realidad esta visión: “abrir corredores humanitarios”, “simplificar la concesión de visados”, “la plena ciudadanía” (128-131)

Cap 5. Para gestar este mundo necesitamos la mejor política

Plantea la necesidad de una “buena política”, para construir una nueva cultura del encuentro a través del diálogo y la amistad social. La encíclica da una gran centralidad a la caridad política, a “la mejor política” puesta al servicio del auténtico bien común, que siempre atiende prioritariamente las necesidades de los empobrecidos. No puede haber un camino eficaz hacia la fraternidad universal y la paz social sin una “buena política”. Para el Papa, podemos ayudar a una persona necesitada, “pero cuando se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en «el campo de la más amplia caridad, la caridad política». Se trata de avanzar hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social. Una vez más convoca a rehabilitar la política, que «es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común» (180), porque “la caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo” (183).

Y, como siempre subraya Francisco, en la “buena política” es de gran importancia la dignidad del trabajo y el trabajo digno: “El gran tema es el trabajo. Lo verdaderamente popular –porque promueve el bien del pueblo– es asegurar a todas las personas la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios

ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus esfuerzos (…) Por más que cambien los mecanismos de producción, la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo. Porque no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo” ( 162).

Para los movimientos populares, es fundamente que hoy la acción política garantice unos básicos irrenunciables en todo el mundo tierra, techo y trabajo.

Cap 6 y 7. Para gestar este sueño necesitamos diálogo y amistad social. Caminos de encuentro. Es una propuesta contracultural

Francisco propone una constante en las relaciones humanas: el diálogo y la amistad social, aparece el concepto de la vida, “como el arte del encuentro”, con todos los pueblos, incluso con las periferias del mundo, con los pueblos originarios…“de todos se puede aprender algo, nadie es inservible” (215). Desde un estilo de ser, pensar y actuar distinto al que predomina en el ámbito de las relaciones humanas, en el ámbito de las relaciones entre las naciones, las culturas, las instituciones internacionales, los procesos de conciliación entre las naciones.

Cap 8. También las religiones pueden estar al servicio de la fraternidad en el mundo

Me parecía relevante aportar un elemento importante desde mi punto de vista que plantea  la Encíclica es sobre el papel de la Iglesia cuando afirma que su misión no puede quedarse en la esfera privada, de lo íntimo, no puede estar al margen de la sociedad no puede renunciar a la dimensión política de la existencia. Cuántas veces oímos en nuestras sociedades que los creyentes de puertas para adentro!! La atención al bien común y la preocupación por el desarrollo humano integral, de hecho, conciernen a la humanidad y todo lo que es humano concierne a la Iglesia, según los principios del Evangelio.

Francisco acaba la encíclica recordándonos algo esencial, que el fundamento de la fraternidad, de un mundo abierto y sin excluidos, está en Dios: “Los creyentes pensamos que, sin una apertura al Padre de todos, no habrá razones sólidas y estables para el llamado a la fraternidad” (272). Por eso, “sabemos que hacer presente a Dios es un bien para nuestras sociedades” (274). Para los cristianos, la propuesta del Evangelio es nuestra mejor aportación a la fraternidad, pues “para nosotros, ese manantial de dignidad humana y de fraternidad está en el Evangelio de Jesucristo” ( 277). Sin olvidar nunca que el Amor de Dios es lo que sostiene nuestra humanidad, la de todas las personas, creamos o no en Dios, porque el Amor de Dios es el mismo para todas.

Para concluir algunas ideas que se traducen de toda esta aportación y que los movimientos populares venimos compartiendo:

  • No al egoísmo instalado en las relaciones humanas y en las estructuras sociales, políticas y económicas.
  • No a discursos políticos xenófobos, violentos, populistas, no a la pobreza de nuestra  respuesta como sociedad, no a la vergüenza de nuestra indiferencia, no a la incapacidad de nuestros
  • No a la cultura de muros y descarte
  • No a una economía que maltrata, mata, hiere
  • Si a este sueño de fraternidad
  • Si a este anhelo de justica social de tierra, techo y trabajo para todas las personas
  • Si a esta propuesta contracultural de ser, estar y actuar diferente basada en el respecto a la dignidad de toda persona, en el cuidado las personas y de la tierra donde vivimos
  • Si a una política del bien común que posibilita una organización social democrática, del pueblo, solidaria, una economía que pone como centro la persona y el planeta.