El gran tema del trabajo. A los 40 años de la encíclica “Laborem exercens”

El gran tema del trabajo. A los 40 años de la encíclica “Laborem exercens”

I.- Introducción
Nos encontramos con la Doctrina Social de la Iglesia

Al abordar la encíclica Laboren exercens, publicada hace 30 años por el papa san Juan Pablo II, conviene situar el lugar que ocupa en la larga marcha de la enseñanza social del magisterio, en la llamada Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Esta doctrina social cumple también 130 años desde la publicación de la Rerum novarum de León XIII en 1891.

Para comprender la importancia de Laborem exercens (LE), debemos comprender, valorar y querer la Doctrina Social de la Iglesia. Esta actitud debería brillar con fuerza en las comunidades eclesiales. Se ha ido avanzando bastante. Pero hará falta superar más la lacra que en 1988 el Cardenal Suquía denunció: “Una de las más graves deficiencias del catolicismo español es su ancestral falta de conciencia social (Discurso a la Asamblea Episcopal).

La Iglesia se mete en estos temas sociales, económicos y políticos tan complejos y difíciles porque lo exige su misión. san Juan Pablo II (Redemptoris Hominis, 1979) subraya que el hombre es el camino de la Iglesia. Ella debe ayudar a la persona en todas las dimensiones de su vida.  El Concilio Vaticano II ya lo había expresado de forma contundente: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufre, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” (Gaudium et spes 1).

La DSI quiere ser fruto del amor de Dios a los hombres y mujeres que viven en convivencia social. Esta es la postura de la Iglesia. Quiere fecundar y fermentar la sociedad con el evangelio (CDSI 62 ss), respetando la autonomía de las realidades temporales, sin suplantar a las instituciones y asociaciones civiles.

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Una Iglesia que se desentiende de los asuntos sociales que viven y sufren las personas, no está atenta a las personas en aspectos importantes, su amor queda algo lejano y no da un atrayente testimonio del amor de Dios.

Tengamos muy presente la definición que hace la Congregación para la Educación Católica de la Santa Sede (Orientaciones para el estudio y enseñanza de la DSI… 1988): “La enseñanza social de la Iglesia se origina del encuentro del mensaje evangélico y de sus exigencias éticas con los problemas que surgen en la vida de la sociedad”.

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