El agua no cae del cielo

El agua no cae del cielo
Foto | Roberto AI (Flickr)
La Generalitat de Cataluña declaró a principios de febrero el estado de emergencia por sequía, la más larga e intensa desde que hay registros, que afecta al 80% de la población catalana.

Desde entonces, la misma Generalitat nos lo grita desde cualquier superficie fija o movible: «Emergencia por sequía. El agua no cae del cielo». Y, siguiendo con expresiones catalanas, d’on no n’hi ha, no en pot rajar («de donde no hay no se puede sacar»).

El problema requeriría muchas más páginas, así que me limito a nombrar algunos de los factores que influyen en nuestra sed. Distingamos entre sequía y escasez, recordando lo dicho en junio: la primera es falta de lluvia durante un periodo prolongado; la segunda indica la cantidad de agua que utilizamos respecto a la disponible. La sequía ya sabemos que es una de las consecuencias de la emergencia climática. Además, el problema real no es que no llueva, sino que falta agua para tanta sed. Si consideramos que son sinónimos es porque atribuimos la escasez a la ausencia de lluvia, aunque, en todo caso, es UNA de las causas.

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