Suenan tambores… ¿de paz?

Suenan tambores… ¿de paz?

Hace un par de días recibía la llamada de un militante especialmente querido por todos y todas para preguntarme si desde la comisión permanente pensábamos hacer algo respecto a los conflictos armados. En las últimas semanas, el ambiente general está llamando a los países a armarse hasta los dientes, empezamos a ver con cierta normalidad la guerra a las puertas de Europa y se vuelve a implantar la mili obligatoria en varios países europeos. Mientras, pareciera que los movimientos cristianos, asociaciones pacifistas ya han dicho todo lo que teníamos que decir y permanecemos callados. Pero este militante me hacía notar la necesidad de ir creando opinión en sentido contrario: en la necesidad de trabajar por la paz.

El pasado 10 de abril, en la comparecencia ante el Congreso, el presidente del Gobierno decía que era necesario invertir en armamento con fines disuasorios. No es nada nuevo. Sin embargo, el Papa ha hablado innumerables veces sobre la paz y contra la guerra y nos señala un camino claro a seguir como cristianos. Hoy nos dice: “Un cristiano sin coraje, que no dedica sus fuerzas al bien, que no molesta a nadie, es un cristiano inútil” y nos pide a los católicos que actuemos decididamente contra el mal y la indiferencia.

El movimiento obrero a lo largo de su historia ha defendido la paz como uno de sus principios incuestionables y genuinos. En el mundo obrero se han padecido las consecuencias de los enfrentamientos armados siempre, la decisión de empuñar las armas la han tomado otros, pero los muertos los hemos puesto nosotros. El sufrimiento, empobrecimiento y regresión que supone un conflicto armado condena además a nuestras familias a sufrir las consecuencias durante años. Y supone retroceder décadas en deshumanización, en heridas que nunca se cierran y odio contra el otro bando presente en generaciones.

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A los trabajadores y las trabajadoras cristianas todo esto nos tiene que hacer pensar, plantearnos ¿qué nos toca hacer hoy? ¿Cómo podemos empujar la paz? ¿Con quienes hemos de seguir dialogando, proponiendo gestos, actos, actitudes, reflexiones que nos ayuden a crear opinión? ¿Cómo fortalecer la cultura de la paz? ¿Cómo hemos de cumplir con nuestra responsabilidad de crear una sociedad distinta, fraternal, donde la amistad social vaya creando cultura contraria a la crueldad dominante?

En pleno siglo XXI, con una Iglesia debilitada, con la crisis general de las instituciones y la falta de participación democrática no podemos quedarnos cruzadas de brazos. Esta también es nuestra tarea. Hacer caer en la importancia de la paz para construir y cuidar la vida. Nunca hemos sido enemigos de otros trabajadores en otros países obligados también a luchar por defender el país. Este próximo aniversario de la Revolución de los Claveles nos sigue recordando que es posible construir la paz. Solo tenemos que quererlo y empeñarnos en ello. Tiene que suponer un revulsivo para iniciar esta tarea necesaria. Escuchemos su llamada.

 

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