Un nuevo pacto social

Un nuevo pacto social

Si algo ha puesto de manifiesto la crisis social provocada por la COVID-19 es la enorme fragilidad y vulnerabilidad de nuestra sociedad y la total irracionalidad e inhumanidad del sistema económico capitalista neoliberal. Una vulnerabilidad vinculada, sobre todo, al olvido de los pobres, que es el olvido de la fraternidad. Una vulnerabilidad fruto de las enormes desigualdades generadas por décadas de políticas neoliberales. Tenemos recursos suficientes para hacer frente a las necesidades sociales, pero lo impide el acaparamiento en pocas manos de la riqueza social. Es imprescindible, como subraya el papa Francisco acabar con «la idolatría del dinero» que «descarta personas» en una «economía que mata». Porque «la necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar» (Evangelii gaudium, 202). Como señalan los obispos españoles en Iglesia, servidora de los pobres: «sin duda es el modelo mismo el que corresponde revisar» (n. 20).

Necesitamos ir más allá del inmediatismo y cortoplacismo político, que se instala en una realidad insostenible. Necesitamos algo que es evidente hace muchos años: construir un nuevo pacto social, porque lo que teníamos antes de esta crisis era cualquier cosa menos «normal». Mucho más ahora. Es una tarea que va mucho más allá, temporalmente, de lo que es la labor inmediata de un Gobierno y que, en lo que se refiere a su sujeto, necesita de una amplia implicación de muchos agentes sociales. Un nuevo pacto social que ponga en el centro el cuidado de la vida, que nos ayude a «pensar en grandes estrategias (…) que alienten una cultura del cuidado de la vida que impregne toda la sociedad» (Laudato si’, 231).

Un pacto social que contemple, al menos, dimensiones como las siguientes, estrechamente relacionadas entre sí:

1º. La promoción del trabajo digno y con plenos derechos, esencial para las personas y la sociedad, para acabar con la exclusión del empleo y su precarización, el reconocimiento social de los trabajos que no son empleos, particularmente los de cuidados, que afronte con seriedad la, tantas veces normalizada y olvidada, falta de condiciones de salud y seguridad en el trabajo.

2º. El fortalecimiento de los derechos sociales de personas y familias, incluido un Ingreso Mínimo Vital, para garantizar el acceso universal a los bienes básicos para vivir con dignidad y la necesaria protección social de todos sin que nadie sea excluido por ninguna razón.

3º. La promoción de la igualdad real de género, para acabar con todas las formas de violencia y de discriminación contra las mujeres, y con la invisibilización de su labor de atención a las necesidades básica de la vida.

4º. El impulso del cuidado integral del planeta, para transformar las formas de producción, consumo y estilo de vida que son incompatibles con el cuidado de la casa común y la familia humana que la habitamos.

5º. La promoción de un pacto intergeneracional para reconocer efectivamente el valor de las personas mayores, las potencialidades de los jóvenes, la importancia de la interrelación entre generaciones, y que nos ayude a pensar el mundo que dejamos a las futuras generaciones.

6º. La promoción de una educación integral de una ciudadanía ecosocial y abierta a la fraternidad universal.

7º. La implantación de una fiscalidad progresiva que redistribuya de forma justa la riqueza social.

8º. El impulso y el compromiso por un diálogo social que nos permita buscar en común desde la diversidad, buscando integrar a todos e impedir que los intereses egoístas, la codicia y los planteamiento reaccionarios socaven el bien común.

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