Vamos a crear una normalidad alternativa

Vamos a crear una normalidad alternativa
El año 2020 quedará grabado en rojo en la historia de la humanidad. El mundo entero se ha visto sacudido por una pandemia, vinculada al cambio climático y a un crecimiento insostenible y depredador.

La crisis sanitaria, provocada por la COVID-19 constituye todavía una dura realidad cuando debemos hacer frente a una crisis económica y social de consecuencias imposibles de evaluar. La pérdida de vidas humanas, muchas de ellas en soledad, es, sin duda alguna, una realidad que no podremos olvidar.

La situación en hospitales y residencias obliga a promover un proceso de reflexión y debate sobre el impacto negativo que ha traído consigo la política de privatización de servicios públicos fundamentales. No cabe cerrar los ojos por más tiempo ante la evidencia. Las instituciones competentes deben asumir su responsabilidad por lo ocurrido. Sin propósito de enmienda estamos condenados a repetir los mismos errores.

Se abre ahora un tiempo para repensar con serenidad y rigor sobre las razones que nos han conducido a este punto y definir un futuro mejor, más justo y más sostenible. Necesitamos una vacuna para vencer la enfermedad y necesitamos también nuevas ideas y alternativas más humanas frente al sistema capitalista, tal y como hoy lo conocemos. Hemos actuado como si los recursos naturales fueran inagotables; hemos minimizado las consecuencias del cambio climático; hemos deslocalizado la producción de bienes esenciales; hemos normalizado la desigualdad y la pobreza; hemos priorizado el individualismo frente a la solidaridad; hemos legitimado los paraísos fiscales y hemos dejado en manos privadas servicios públicos como la sanidad y la educación. Ahora sabemos que el precio a pagar por todo ello es muy alto y muy doloroso.

En este sentido debe interpretarse el manifiesto publicado en el diario Le Monde, suscrito por referentes de la cultura, las artes, la música y la ciencia. Su título no puede ser más elocuente: «Contra una vuelta a la normalidad».

Normalidad significa volver a donde estábamos y ese no es el camino. El consumismo trae consigo la destrucción del entorno, el abuso de quienes son más fuertes sobre quienes son más débiles, mayor pobreza y más desigualdad; una carrera hacia el abismo. La propagación de la COVID-19 nos ha lanzado un mensaje que hemos de atender: vamos muy rápido y tenemos que parar.

Esta pandemia ha puesto en evidencia una gran verdad: la solidaridad representa el futuro al que aspiramos.

La DSI señala con claridad que la centralidad de la persona, especialmente de las más vulnerables, y la centralidad del trabajo, como la manera de garantizar la cohesión social y la dignidad de la persona, han de ser las dos prioridades fundamentales de la reconstrucción social y económica.

El papa Francisco, con motivo de la celebración del 1º de Mayo, ha manifestado lo siguiente: «Que a nadie le falte el trabajo, la dignidad del trabajo y un salario justo»; «El trabajo humano no es más que la continuación del trabajo de Dios, es la vocación de la persona recibida de Dios para administrar y continuar su obra creadora… debes trabajar para crear conmigo».

Esta pandemia ha puesto en evidencia una gran verdad: la solidaridad representa el futuro al que aspiramos.

La devastación económica, surgida tras esta pandemia, se sitúa, salvando las diferencias, en el mismo nivel de gravedad que la crisis de 1929 o la situación surgida tras la Segunda Guerra Mundial. Las previsiones coinciden en que el PIB de España caerá por encima del 10%.

Hay que destacar como elemento positivo que el diálogo social entre el Gobierno, la patronal y los sindicatos avanza por buen camino. No hace mucho tiempo se acordó incrementar el SMI y ahora se han prorrogado los ERTE más allá del estado de alarma.

En el Congreso de los Diputados y Diputadas se ha constituido la Comisión para la Reconstrucción Económica y Social con presencia de todas las fuerzas parlamentarias. El objetivo prioritario consiste en dar una respuesta efectiva y eficaz al aumento del paro, como consecuencia del cierre masivo de empresas, y combatir la precariedad y la exclusión social, realidades a las que se ven abocadas personas y familias que carecen de lo imprescindible para poder vivir con dignidad.

La reconstrucción pasa por impulsar un nuevo modelo económico y social; un modelo que apueste por el trabajo decente; por el fortalecimiento de los servicios públicos esenciales; por la regularización urgente de las trabajadoras y trabajadores «sin papeles», que están fuera de toda protección; por el reconocimiento del trabajo del hogar y los cuidados; por la inversión en investigación… Y por la lucha contra el calentamiento global.

Es necesario reestructurar nuestro sistema productivo y económico, en base a una apuesta decidida por la reindustrialización y por la «economía verde». España no puede seguir dependiendo por más tiempo solo del modelo de «sol y playa» y del turismo,.

Y, como medida imprescindible de este gran acuerdo entre los agentes sociales y las fuerzas políticas, está la puesta en marcha con carácter inmediato de un ingreso mínimo garantizado.

Una fiscalidad justa, aquella que no afecte a quienes nada tienen y que los esfuerzos colectivos sean directamente proporcionales al estatus económico de cada cual, permitirá encarar la difícil ecuación de más gasto social inaplazable, menos ingresos y, como consecuencia de ello, más deuda pública.

Este gran pacto de Estado solo será posible si las fuerzas políticas muestran voluntad sincera de alcanzar amplios consensos y renuncian a las disputas y a la confrontación. Es lamentable el papel de la derecha y la extrema derecha, que anteponen sus intereses partidistas, «zancadilleando» por sistema al Gobierno por encima de la defensa bien común y de la salud de la población.

El acuerdo por la reconstrucción necesita la implicación de la Unión Europea, que se enfrenta esta vez a un serio desafío en el que está en juego su futuro. Si aspira a salir fortalecida como proyecto común deberá dar una respuesta social y solidaria, entendiendo que esta crisis derivada del SARS-CoV-2 es global, independientemente que afecte más a unos países que a otros.

No queremos volver a la normalidad conocida; queremos crear una normalidad alternativa.