¿Volver a la normalidad?

¿Volver a la normalidad?

Estar cerrados en casa, salir a la calle guardando distancias por miedo a la contaminación y andar con una mascarilla que nos impide respirar a gusto, no es normal. Pero no toda normalidad anterior al corona virus es aceptable.

Antes de que este virus microscópico entrara en nuestro campo sembrando muerte y burlando nuestro deslumbrante progreso, existía y sigue una pandemia de la injusticia social que mata por hambre diariamente a miles de personas inocentes e indefensas. Tal vez porque esa pandemia del hambre no ha colapsado nuestros hospitales como el agresivo coronavirus, la vemos con cierto desentendimiento y hasta normal, como si nosotros nada tuviéramos que ver con tantas víctimas de un sistema mundial injusto. Cuando hablamos ahora de volver a la normalidad, ¿quiere decir volver a las andadas, sin cuestionar los valores y criterios de conducta con que veníamos funcionando antes de que llegara esta desgracia?

La ideología de una codicia insaciable está corrompiendo en su raíz el sistema de la organización económica y política. Dentro del sistema funcionamos obsesionados por conseguir el máximo beneficio individualista con el mínimo costo a base de utilizar irreverentemente a las personas y depredar despiadadamente a la tierra. A pesar de que, sobre todo, los dos últimos papas han insistido en la necesidad de abandonar esa lógica de la comercialización y descarte introduciendo en la organización social la lógica de la compasión y de la gratuidad, la fiebre posesiva sigue haciendo estragos. Estamos viendo cómo el justo clamor en el mundo laboral por un trabajo digno no encuentra oídos en el ciego sistema economicista.

La crisis económica que ya estamos sufriendo, ¿no será oportunidad para cambiar de lógica y de rumbo? En las semanas agobiantes que hemos pasado muchas personas en el campo sanitario y en otros ámbitos, se han entregado gratuitamente y con riesgo de su propia seguridad, a salvar la vida y la dignidad de muchos atacados por el virus. Esa opción humanista puede ser un signo para el cambio necesario en la organización de la sociedad.

Aunque no será fácil canalizar políticamente ese cambio estructural, en el fondo es imprescindible un cambio de mentalidad. Según la fe o experiencia cristina el cambio se debe inspirar en una compasión solidaria con los excluidos. Solo con esa inspiración podemos caminar hacia una economía de liberación y humanización para todos. Un humanismo nuevo para el desarrollo integral. Invencible apuesta por la dignidad de toda persona.