Llegó tu voz y despejé mis sombras

Llegó tu voz y despejé mis sombras

«Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde».
—Ángel González

Porque hay palabras que enriquecen y otras nos dañan,
se establece una alerta en los sentidos.
Que no hay un más tú ni un menos yo, ni viceversa,
que las desigualdades rompen la humanidad
y son cráteres derramando infiernos,
sombras de hiel que amargan las palabras,
medianía donde se atraganta la razón
cuando sin rumbo nos aboca
a un naufragio interior que nos destruye.

Sentid el dolor del hombre
los que traficáis con la vida,
volved el rostro a sus hogares íntimos
los que ensalzáis la economía
antes que a la persona.
Que es el verso más triste de una tarde
para aquellos que beben un vaso de escasez
sin pan, con amargura.

Despertaremos de la indiferencia
con una aclamación desde el silencio,
desde manos que se hacen solidarias
con preguntas que resucitan a su manera:
¿cuándo la humanidad será canto fecundo?,
¿cuándo se hará viral el bien común?,
¿cuándo se soñará el mismo sueño?

Porque somos cosecha,
cosecha apedreada por tantos contratiempos
y esperanza sin odios.
Aprendí en el sigilo de la noche
a entrar en la vigilia donde el alma
abrió de par en par sus inquietudes
hallé un corazón y en su rescoldo,
alimento con pálpitos de gracia.

Porque esta tensa inquietud que dosifica fuerzas
nos imprime posturas:
la actitud de estar en pie, de no esperar sentados.

Porque estamos en vísperas donde las vocales
enderezan palabras
hasta convertirlas en actos,
que si las desgastamos no las hagamos vanas,
que no se desvirtúen por mal uso.

Llegó tú voz y despejé mis sombras
porque empecé a escribir esas palabras
que han nacido con nombre propio,
aunque llevan todos los nombres.
Han creado un laberinto,
pero quieren buscar una salida,
un regazo para desentrañar soluciones
con claves de humildad y mansedumbre.

Carta abierta
Belleza cruel

Señor, mejor que bajes y lo veas.
Yo soy de pocas letras, mas decían
que fuiste del oficio cuando mozo.
No sé cómo andaría en aquel tiempo
lo de vivir del tajo y ser un pobre,
pero lo que es ahora es un milagro
mayor que el de los panes y los peces
poner algo en la mesa y repartirlo
para que llegue a todos. Haz la prueba.

Belleza cruel
Ángela Figuera Aymerich
Prólogos de León Felipe, Carlos Álvarez y Juan Ramón Figuera.
Nueva edición: enero 2020
Ediciones Torremozas | Adquirir el libro

Ángela Figuera Aymerich (Bilbao, 1902 – Madrid, 1984) publicó este libro en México en 1958, debido a las dificultades de hacerlo en España por la censura del momento. Juan Ramón Figuera. Figuera diría de su madre: «Ángela quería con Belleza cruel dar voz a los perseguidos, los desesperanzados, ponerse junto al hombre y acompañarle, ayudar a hacer puentes entre hermanos separados». Se le ha etiquetado como poeta social por su compromiso y solidaridad con la gente, aunque ella no definió su poesía. Su lenguaje es sencillo, porque lo que le importa es que su poesía le llegue al mayor número de gente.

Según escribió ella misma, con sus poemas pretendía «crear belleza con la palabra […] Acompañar, consolar, denunciar, protestar, gritar, dar fe de amor a las cosas grandes y pequeñas». En Belleza cruel los poemas tocan nuestra conciencia porque reflejan la realidad, transciende la palabra.

Óiganme todos los pueblos
Salmos

«¿Por qué temeré yo las persecuciones
de los que ponen su confianza en un Banco
y su seguridad en una Póliza de seguros?»
La vida no se puede comprar con un cheque
sus Acciones son muy altas
no se pueden pagar con dinero
Vivir siempre y no ver jamás el sepulcro:
¡nadie puede comprar esa Póliza!

Salmos
Ernesto Cardenal
Editorial Trotta | Adquirir el libro

Ernesto Cardenal (Granada 1925 – Managua 2020, Nicaragua). Considerado uno de los principales exponentes de la poesía latinoamericana y figura clave de la teología de la liberación. Recibió, entre otros galardones, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2012. Es uno de los poetas relevantes de Hispanoamérica. Salmos está prologado por Dorothee Sölle que dice: «En estos Salmos no hay ningún pasaje en que la religión se vuelva opio del pueblo. Nada distrae hacia un más tarde, un más arriba, un más allá. Por ningún lado aparece un consuelo que vuelva a los consolados infieles a la tierra». Los Salmos de Cardenal son cantos de lucha y de liberación. En estos Salmos, el hombre sufre. Pero fe, sufrimiento y alabanza se dan la mano. Cardenal vive más de la esperanza que de la duda y ve la vida como regalo de Dios pero con responsabilidad.

Referencias | Ernesto Cardenal. Un hasta luego al cura y poeta de SolentinameRuben Darío y Ernesto Cardenal: Artífices de la palabra, intérpretes de la religiosidad (pdf)