Ecodependientes

Ecodependientes
Yayo Herrero suele recordar que «somos una cultura que no se siente ecodependiente », un grave gran error fuente de otros muchos. No es posible desligar la salud personal de la del entorno.

La crisis derivada de la COVID-19 nos pone ante los ojos esta dependencia esencial, así como otra crisis, la ecológica, muy ligada al cambio climático, una amenaza menos visible que la COVID, pero tal vez de más largo alcance

¿Cómo revertir la tendencia ecocida? Greenpeace ha elaborado una propuesta con un título muy expresivo: «Darle la vuelta al sistema». «Cada vez –explican– hay más evidencias científicas que apuntan a la estrecha relación entre la salud del planeta y la humana, y esto hace que sea imprescindible repensar el modelo en el que hemos vivido, que salgamos fortalecidos de esta dolorosa crisis y que demos la vuelta al sistema, replanteándonos todas las prácticas, especialmente las económicas, que definen la presencia humana en este planeta. (…) Incluimos aspectos referentes a la calidad democrática, más importante ahora que nunca, como eje vital para articular nuestra sociedad. Y para ello es también imprescindible incluir la solidaridad, los derechos humanos y el multilateralismo, sin ellos, no habrá una respuesta global».

El Foro Transiciones ha enviado una carta pública al presidente del Gobierno planteando la necesidad de abrir un gran debate sobre la crisis ecosocial. «Una discusión que debe formar parte del proceso de reconstrucción tras la crisis COVID-19, pues las apuestas políticas y las inversiones económicas que se realicen determinarán, en enorme medida, las oportunidades de pilotar transiciones ordenadas, que superen la insostenibilidad socioeconómica y ambiental del modelo de crecimiento actual». «Evitar en España –concluyen– la vuelta pospandemia a la contaminación urbana –que anticipa la mortalidad de niños y ancianos–, a la insostenibilidad ambiental de un crecimiento despilfarrador, a la altísima dependencia energética y a la creciente desigualdad socioeconómica, exige que el Gobierno de coalición discrimine y explique con claridad a quién benefician las distintas medidas que se adoptan».

La pandemia ha puesto a prueba nuestra paciencia,
pero también nuestra capacidad de respuesta

Estas iniciativas están bien, y apoyarlas ayudará a hacer presión. Pero, ¿y las gentes de a pie en nuestra vida diaria? La pandemia no solo ha dejado paisajes tristes. Ha puesto a prueba nuestra paciencia, pero también nuestra capacidad de respuesta, como decíamos el mes pasado (y no me canso de difundir), nuestra habilidad para enlazarnos con otras personas y llevar adelante iniciativas.

Jorge Riechmann concreta: «Por un lado, piense cómo puede organizarse de manera colectiva, no individual, en su vida cotidiana y las cosas cercanas para alimentarse, moverse, vivir de un modo lo más sostenible posible. Y, por otro lado, en paralelo, piense como luchar políticamente ante los grandes retos como la movilidad, el modelo energético, un programa agroecológico global. El objetivo final es muy difícil, sí. Mientras tanto, sin embargo, hay que hacer cosas. Pero no en soledad ni de manera aislada».