Gonzalo Ruiz: «Un empleo digno es fundamental para que la persona se sienta plenamente integrada en la sociedad»

Gonzalo Ruiz: «Un empleo digno es fundamental para que la persona se sienta plenamente integrada en la sociedad»

Entrevista realizada, por José Manuel Vidal, director de Religión Digital, al presidente de la HOAC, Gonzalo Ruiz, en el marco de las reivindicaciones por un trabajo decente lideradas por movimientos de trabajadores católicos. “La pandemia ha venido a empeorar más aún la situación de precariedad e inestabilidad de cientos de miles de trabajadores y trabajadoras”, resume Ruiz. Que valora que el discurso de Francisco, las tres “T”, está gestando una conciencia que defiende con más fuerza la necesaria dignidad del trabajo.

¿Dónde queda con la pandemia el trabajo decente?

La llegada de la pandemia ha puesto el foco en la situación de los trabajadores y trabajadoras con empleos más precarios e inestables. Ha venido a agravar y agudizar las malas condiciones de vida y trabajo de muchos trabajadores y trabajadoras, no solo empeorando sus condiciones de trabajo, ha acrecentado además notablemente la inestabilidad e incertidumbre en el puesto de trabajo. Al mismo tiempo ha dejado en una situación muy difícil, dramática en muchos casos, a los trabajadores y trabajadoras de la economía sumergida. Es decir la pandemia ha venido a empeorar más aún la situación de precariedad e inestabilidad de cientos de miles de trabajadores y trabajadoras.

¿El coronavirus tapa o justifica una mayor precariedad?

La situación generada por el COVID-19 está suponiendo un nuevo ajuste en las condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras, y este normalmente consiste en empeorar las condiciones laborales, en acelerar la puesta en marcha de la digitalización, del teletrabajo con medidas que lejos de mejorar y favorecer las condiciones de trabajo las hacen más difíciles para la vida del trabajador, dificultando la vida personal, difuminando la separación entre vida familiar y vida laboral, empeorando en muchos casos la conciliación entre vida familiar y vida laboral. En torno a 900.000 trabajadores siguen afectados por ERTE en nuestro país.

Hace años que la HOAC viene reflexionando sobre el trabajo precario. ¿Hay salida para esta situación de precariedad que se perpetúa? ¿Cómo?

Efectivamente, la HOAC venimos reflexionando desde hace muchos años sobre el trabajo precario, la economía sumergida, sobre la necesidad del reparto del trabajo, de poner las condiciones para la creación de empleo digno porque entendemos que tener o no tener empleo, un empleo digno, es fundamental para que la persona se sienta útil y plenamente integrada en la sociedad. San Juan Pablo II decía que “el trabajo es el elemento central de la cuestión social”, el papa Francisco ha hecho de la defensa del trabajo digno, de la imperiosa necesidad de que el trabajador tenga un empleo, “de ganarse el pan”, un elemento esencial de su pontificado, “no os dejéis robar la esperanza” suele decir, refiriéndose a los trabajadores que pierden su empleo.

Para que el trabajo sea digno hay que colocar en el centro de la vida social y económica a la persona, tal y como recoge la Doctrina Social de la Iglesia. Para nosotros, el problema no es que haya malas condiciones de trabajo, es que hay malas condiciones para ser personas. Solo colocando a la persona en el centro, siendo sus necesidades personales familiares y sociales las que han de tenerse en cuenta a la hora de crear un trabajo digno, tal como recoge Benedicto XVI en Caritas in veritate. Hay ejemplos cada vez más abundantes en la economía social y solidaria, en las cooperativas, en la economía de comunión…

¿Esa salida no necesita un cambio de sistema económico, como acaba de decir el Papa?

Dentro del sistema económico en el que vivimos, se hace difícil la creación de trabajo decente, porque el principio en el que se fundamenta está en la ganancia y el ánimo de lucro por encima de todo, la persona es un elemento más de los que intervienen en la producción. El capital, cada vez más, quiere a individuos dispuestos a trabajar en cualquier momento, tiempo y lugar, sin importarle para nada la situación personal del trabajador, la familia, el arraigo social… La dimensión social corporativa en muchas empresas ha desaparecido.

Por ello como dice el papa Francisco es necesario construir un sistema alternativo, porque “este sistema mata”. Para ello se necesitan hombres y mujeres que vivan y promuevan los valores del Evangelio en la sociedad y en las empresas, una tarea nada fácil, que requiere un largo caminar, pero que como cristianos hemos de impulsar y animar. De ahí todas las iniciativas que desde el Vaticano se están impulsando. Tenemos que impulsar proyectos que promuevan una economía social y solidaria donde todos estos valores sean el centro de la actividad económica y de las relaciones laborales.

¿El movimiento por el trabajo decente se está extendiendo casi tanto como el de la ecología o el feminismo o todavía le queda recorrido para llegar a esas cotas?

El recorrido de esta iniciativa en la Iglesia española aún es corto, seis años, pero en el tiempo transcurrido su extensión está siendo muy importante en la gran mayoría de las diócesis españolas. Lo que empezó siendo un gesto con motivo de la jornada mundial por el trabajo decente, se ha ido convirtiendo en un conjunto de actividades y actos que se vienen celebrando en torno a esa fecha, y que además se ha extendido a la celebración del 8 de marzo y al 1º de Mayo. Evidentemente hay aún mucho camino por recorrer, es muy importante que todos los creyentes tomemos conciencia del lugar central que ocupa en la vida de las personas, tener o no tener trabajo, que este sea decente, para poder vivir una vida digna. Que vaya calando en la Iglesia la importancia de defender y promover el trabajo decente en la sociedad y en las instituciones eclesiales.

¿La iniciativa Iglesia por un trabajo decente sigue siendo un revulsivo en ese sentido?

Las entidades promotoras de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente coordinan animan e impulsan la realización de las distintas actividades, pero es en cada realidad diocesana donde diseñan y planifican las distintas convocatorias que se realizan. Siendo cada vez más numerosos los colectivos, parroquias y organizaciones eclesiales que se suman a la iniciativa. La realidad es muy diversa, hay diócesis en la que organizan gran cantidad de actos y gestos y otras donde se suelen concentrar en un único acto o gesto. Este año bajo el lema “Nos movemos por el trabajo decente” queremos seguir luchando, alzando nuestra voz y concienciando a nuestra sociedad sobre este problema que afecta al mundo del trabajo. Creemos que esta tarea junto a las personas que sufren estas situaciones, es una posibilidad, una oportunidad para humanizarnos y ser mejores personas.

¿El Papa Francisco es un buen aliado en esta lucha por el trabajo decente?

El papa Francisco ha hecho de la defensa del trabajo decente, de la defensa de una vida digna para los trabajadores y trabajadoras, de la denuncia de las condiciones de miseria y pobreza de la inmensa mayoría de los trabajadores y trabajadoras del mundo, uno de los ejes fundamentales de su pontificado. El papa Francisco es un referente, con sus gestos, actos y denuncias nos muestra el camino a seguir en nuestra tarea apostólica. Nos sentimos acompañados, acogidos e impulsados en nuestra encarnación en el mundo obrero y del trabajo.

¿Qué pide al Gobierno (de izquierdas) que tenemos en el país respecto al trabajo decente?

La actuación del gobierno con respecto al trabajo está siendo positiva, pero insuficiente. Es necesario que las Administraciones Públicas den ejemplo en la creación de trabajo decente. Es inconcebible que siga habiendo tan alto índice de precariedad en muchos trabajadores y trabajadoras de la sanidad, la enseñanza, los servicios sociales… La escasez de sanitarios tiene su origen sobre todo en la falta de estabilidad en el puesto de trabajo, en la incertidumbre profesional, en los bajos salarios. Por ello el gobierno debe legislar, para que no sea posible fomentar la precariedad desde las Administraciones Públicas.

El ingreso mínimo vital es una iniciativa magnífica, que sin embargo no está llegando a cientos de miles de trabajadores y trabajadoras en situación extrema, debido a una maraña burocrática que hace muy difícil socorrer con eficacia y prontitud las necesidades de estar personas, ahondando en su indefensión y estado de abandono. Paliado en parte al ser socorridos y acogidos por la solidaridad ciudadana y las organizaciones sociales y eclesiales de acción caritativa y solidaria.

Además, hay colectivos de trabajadoras que están soportando situaciones muy precarias o sin redes de protección social como las empleadas del hogar. Y trabajadores que sufren condiciones indecentes, como es el caso de “los temporeros”, o, la necesidad de una regularización administrativa de muchos trabajadores migrantes…

Finalmente, una apuesta decidida por el trabajo decente pasa necesariamente por modificar muchos aspectos de la actual legislación laboral, tantas veces impuesta desde la lógica económica del lucro y la rentabilidad. Necesitamos una reforma estructural de las relaciones laborales orientada, en un proyecto de país, que potencia y promueve el trabajo decente frente a la estructural precariedad laboral que solo genera empobrecimiento y exclusión. Son cuestiones esenciales que debe y puede atender el Gobierno.

¿Y a la jerarquía de la Iglesia? ¿No debería denunciar con más fuerza el trabajo precario e indecente?

La Iglesia además de denunciar el trabajo precario e indecente, debe alentar y promover buenas prácticas laborales en las diversas organizaciones eclesiales, colegios, universidad, organizaciones diocesanas, patronatos…Tenemos que predicar con el ejemplo, las buenas prácticas es el mejor camino para crecer en coherencia y credibilidad. Pues como decía Pablo VI: “Para la Iglesia no se trata solamente de predicar el Evangelio…, sino de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio…”.