Cartas de los obispos por el trabajo decente

Cartas de los obispos por el trabajo decente
Varios de los obispos de las diócesis española han dedicado sus cartas pastorales a la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, además de animar expresamente a sus respectivas comunidades a participar en las actividades convocadas y reforzar los esfuerzos en defensa de la dignidad del trabajo.

No es para menos, porque, como explica el obispo de Santiago de Compostela, Julián Barrio, “la Doctrina Social de la Iglesia nos urge a recordar la dignidad inviolable de la persona humana, el destino universal de los bienes de la creación, la participación de todos en la búsqueda de bien común, la solidaridad y la subsidiaridad, y nos llama a renovar nuestro compromiso con la cultura del trabajo que exige renunciar a conductas consumistas y materialistas que no lo valoran, y asumir un estilo de vida en austeridad como ayuda al otro”.

“Una sociedad fraterna, tal y como la que Dios sueña para sus hijos e hijas, sólo puede construirse evitando desigualdades profundas y superando el riesgo de que importantes sectores queden excluidos o condenados a la pobreza. Y uno de los instrumentos más eficaces para lograr este objetivo consiste en promover o oportunidades de empleo digno y desarrollo profesional adecuado”, apuntan los obispos de Bilbao, Mario Iceta y Joseba Segura.

“Por su importancia capital, hay que dar prioridad a todos los esfuerzos por salvaguardar el trabajo y de forma que sea “decente”, comenta el obispo de Lugo, Alfonso Carrasco.

Los obispos son muy conscientes de los problemas añadidos o agravados por la pandemia actual “Si cada año es una fecha importante para mirar al mundo del trabajo, este año lo es de modo especial dada la situación que estamos viviendo, donde no solo pensamos en el trabajo decente sino en la cantidad de hombres y mujeres que lo han perdido, que no lo tendrán”, señala el obispo de Getafe, Ginés Beltrán.

Desde la diócesis de Mondoñedo-Ferrol, Luis Ángel de las Heras señala que “las carencias se han agudizado y hemos de seguir buscando entre todos, con mayor empeño si cabe, unas condiciones laborales dignas y justas para todos”. Una misión que entiende como parte indisoluble de la comunidad cristiana:  “Al fin y al cabo, el trabajo forma parte del misterio salvífico de la creación, de suerte que resulta deber indiscutible de los cristianos el empeño de procurar para todos una vida digna a través de un trabajo decente (cf LS 128), con un mismo principio y fin evangélicamente transformadores: “somos hermanos de trabajo”.

Nuevo pacto social

También reclaman renovar el consenso y hasta proponen un nuevo pacto social: “Necesitamos recuperar el sentido comunitario y fraternal de la sociedad buscando el bien común y reivindicando el papel de la política, ejercida con honestidad y transparencia, afirma el obispo de Terrasa, Josep Àngel Saiz Meneses.

Carlos López Hernández, obispo de Salamanca hace suyo el discurso del papa en Terni: “Los diversos sujetos, políticos, sociales y económicos están llamados a promover un enfoque diferente, basado en la justicia y la solidaridad, para garantizar a cada uno la posibilidad de desempeñar un trabajo digno”.

“Es preciso recuperar el contrato social otorgando plena confianza a las personas, más aún, es urgente un nuevo contrato social para el trabajo. La economía productiva debe crear más trabajo decente y sostenible, debe repartirse mejor el trabajo y reducir, si es preciso, la jornada laboral. Se trata de repartir el trabajo y repartir mejor los beneficios”, continúa Barrio.

Saiz Meneses es muy claro al defender el salario universal:Si no llegan unas políticas más activas y eficaces contra el paro, si no se llega a un planteamiento radicalmente distinto de la economía, será cada vez más necesaria una renta básica universal que llegue a todos para ayudar a las personas y las familias menos favorecidas”.

De las Heras plantea: “Hablemos alto y claro, apostando por un nuevo sistema productivo capaz de generar empleo y, sobre todo, empeñado en garantizar que la persona y su dignidad ocupen el centro de la vida. Pidamos el reconocimiento social y laboral —traducido en unas condiciones de empleo dignas— para los llamados “trabajadores esenciales”, haciendo así honor a tal nombre. Exijamos que el derecho a la protección social no esté supeditado a la vida laboral y que se garantice el ingreso mínimo vital para quien lo necesita, así como los subsidios de desempleo. Todo ello, siendo conscientes de que «ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias”.

Precariedad

Los pastores de la Iglesia denuncian tanto el desempleo, como la precariedad laboral que lastra el desarrollo integral de las personas, familias y la sociedad misma: “No son admisibles los empleos que a la larga “van quitando la vida”, porque anulan la esperanza de salir de la pobreza”, escribe Carlos López.

Los obispos de Bilbao recuperan el discurso del papa Francisco cuando decía que “toda injusticia que se comete contra una persona que trabaja es un atropello a la dignidad humana (…) la vocación que Dios nos da es muy hermosa: crear, re-crear, trabajar”.

El titular de la diócesis de Lugo, destaca las desventajas que han de enfrentar los colectivos más vulnerables, en particular, “quienes han venido como emigrantes o se han refugiado entre nosotros, por lo que señala que “es urgente, en estos casos, garantizar la dignidad de sus condiciones de trabajo, considerando además que están faltos de la gran red de apoyo que significan la familia y las relaciones más cercanas”.

Pero si en algo hay absoluta unanimidad es en el llamamiento a comprometerse a favor del trabajo humano. “La defensa de un “trabajo decente” es una exigencia de conciencia y una prioridad social en estas circunstancias” (Alfonso Carrasco Rouco).

“La promoción de la justicia social y la erradicación de la pobreza requiere un compromiso decidido a favor del trabajo digno principalmente por parte de los gobiernos y, en la medida correspondiente, por parte de las organizaciones empresariales y de los trabajadores, de la sociedad civil y su sector privado, y también de la Iglesia, en consonancia con su misión propia” (Carlos López Hernandez).

“En la situación actual es apremiante que toda la Iglesia hagamos frente común para denunciar esta situación y acoger a tantas personas que sufren la carencia de dignidad en su día a día a causa de la falta de un trabajo decente” (Ginés Beltrán).

“Empeñarnos en mejorar la calidad del trabajo disponible es un modo de responder a la invitación de Jesús a mirar la realidad desde las necesidades de los afligidos. (…) Los creyentes, colaborando con todas las personas de buena voluntad, debemos hacer lo posible para que la comunidad humana esté cada vez mejor integrada, para lo que es esencial cuidar y promover el trabajo digno como uno de sus pilares”. (Mario Iceta y Joseba Segura).

“Nuestra hermandad laboral ha de ser abierta, sin fronteras, plagada de hechos que transformen la realidad, de modo que, procurando sin descanso  el bien y el trabajo de todos, cada 7 de octubre podamos decir que estamos un poco más cerca del Reino de Dios y su justicia” (Luis Ángel de las Heras).