La emergencia de los movimientos sociales en Europa

La emergencia de los movimientos sociales en Europa
Algunos Movimientos sociales han ido apareciendo en Europa en los últimos años y otros ya están consolidados de tiempo atrás. Participo en algunos de ellos. Me plantean algunas preguntas que ofrezco a continuación.

Hablaré de tres: feministas, pensionistas y “chalecos amarillos” de Francia. Existen muchos más que han ido proliferando a medida que aparecían nuevas necesidades, por ejemplo, los ecologistas, animalistas, afectados por la hipotecas, independentistas.

Algunos de ellos se han incorporado a los sindicatos o bien han querido prescindir de ellos, por considerarlos poco eficaces, en connivencia con los gobiernos  o incluso recelan de los partidos políticos de izquierdas. Otros se han integrado en movimientos más amplios, contando, tal vez discretamente, con algún sindicato o partido político. También los hay con un carácter más espontáneo, con poco aparato organizativo y un cierto tono anarquista. Este podría ser el esquema de los “chalecos amarillos”.

Me planteo varias dificultades:

1. La primera es su comprensión en relación a la “lucha de clases”, en el sentido más clásico del término, aunque es muy posible que hoy este haya cambiado notablemente. Mi pregunta es: “¿Hemos de ir más allá y hablar ahora de un determinado interclasismo”?

Este “interclasismo” se ha ensanchado en dos direcciones: “por arriba”, incorporando colectivos del sector servicios e incluso profesionales, que hasta hace muy poco tiempo se han considerado ajenos a una clase social determinada y “por abajo”, en el sentido de que el coronavirus o la crisis del año 2008 han dejado a muchos ciudadanos en condiciones de fuerte precariedad e incluso de pobreza. De forma que estas dos aperturas pueden llevar a una comprensión más amplia y profunda de “clase”, incorporando, tal vez, elementos del “lumpenproletariado” del que hablaba Marx.

2. Aplicando la nueva realidad de “interclasismo” a una nueva forma de “lucha de clases”, Daniel Bernabé, escritor y periodista, autor de un libro que ha tenido notable resonancia La trampa de la diversidad, propone una cuestión de fondo: Afirma que hay movimientos sociales importantes que buscan en primer lugar “construir y defender la propia identidad”. Se refiere al riesgo, por ejemplo, de cierto feminismo que en su defensa del género, en un sentido muy centrado en su batalla por el cuerpo, la libertad de engendrar, de vivir la sexualidad, etc., podría debilitar la lucha de clases como tal. ¿O ya no es políticamente correcto hablar de “lucha de clases” dado que, como indico más arriba, determinados movimientos sociales son “interclasistas”?

Es preciso reconocer que, entre los diversos movimientos feministas, los hay que mantienen una clara opción obrera, entendida, sin duda, en un sentido más amplio que el tradicional, uniendo género y clase, como dos identidades articuladas estrechamente.

En este planteamiento nos jugamos mucho: la mujer representa más de la mitad de la población mundial con una enorme experiencia de explotación. Difícilmente sin su participación como agente de un cambio estructural será posible una transformación radical de la sociedad.

No creo que sea fuera de tiempo y de lugar defender que sigue teniendo sentido hablar de lucha de clases si se considera a la clase obrera como protagonista del cambio social refiriendo su protagonismo al hecho de vivir la explotación laboral de forma más aguda que otros colectivos humanos.

3. Me pregunto si estos movimientos sociales, al menos algunos de ellos, tienen la capacidad de ser un nuevo referente para recuperar este sentido de clase diferente al tradicional, más aún cuando los tiempos en que las nuevas tecnologías van a desplazar a muchas personas desde la fábrica a su casa, desaparecerá el “roce” diario que supone estar en un mismo lugar, sin facilidades para discutir juntos los convenios colectivos, diluyendo el sentido de cuerpo y atomizándolo en busca de soluciones individuales…

De hecho, los chalecos amarillos han conseguido, en el corto tiempo, objetivos que tal vez, los sindicatos no hubieran sido capaces de obtener.

Dado este nuevo escenario, los sindicatos van a necesitar una transformación profunda que apenas se adivina en estos momentos en los que la pandemia está obligando a ensayar nuevos hábitos de trabajo. A la vez será necesario tener presente el papel de países como China y otros países asiáticos, con una tradición cultural y laboral diferente a la de nuestro entorno.

Estos movimientos deberán estar organizados,
más allá de las urgencias del momento
y una cierta espontaneidad

Y estos movimientos deberán estar organizados, más allá de las urgencias del momento y una cierta espontaneidad que lleve a diluirlos al cabo de un tiempo. Pienso que un fuerte sentido crítico y una mayor libertad en los planteamientos de estos movimientos, pueden generar un sentido de clase más fuerte y combativo.

4. Por el momento, tengo que reconocer que el movimiento al que yo acudo cada semana, la “marea pensionista” que se reúne desde hace varios años, cada semana, en la Plaza de la Universidad de Barcelona, no consigue todavía generar una reflexión compartida suficiente, un debate que obligue a “pensar entre todos y todas” las posibles alternativas a tomar. Todavía somos “receptores” de las informaciones y propuestas de compañeros luchadores, forjados en pasadas luchas obreras y por algunos expertos que no consiguen, a mi entender, que el colectivo sea capaz de asumir los argumentos de todo tipo, especialmente, económico, que exponen en la asamblea. Por ahora no se propone una cuestión delicada: si conviene establecer alianzas, aunque sea puntualmente, con el resto de fuerzas sociales de izquierda, sindicatos o partidos.

Pero dispone de una gran tenacidad en plantear sus objetivos semana tras semana, estando abierto a dos colectivos importantes, la sanidad y la enseñanza. Sus asambleas son más participativas y adoptan un estilo más original.

Nos faltan, a mi entender, los instrumentos que alimenten nuestras convicciones de una manera más “ilustrada” que en tiempos anteriores.

5. Una esperanza que se va haciendo presente es la generación de compañeros y compañeras sindicalistas de una generación intermedia entre los que ya se han jubilado y los jóvenes que están llegando, capaces de un nuevo pensamiento y acción sindical y política, atentos a un feminismo de clase y a nuevas propuestas y que mantienen nuevos criterios que, estando inspirados aún en el viejo sindicalismo obrero, reclaman transformarlo en profundidad.