“Poner la vida en el centro del modelo económico”

“Poner la vida en el centro del modelo económico”
Carlos Askunze, durante su intervención en el Diálogo #VenyloVerás
Más de un centenar de personas se inscribió en el tercer diálogo #VenyloVerás, centrado en La transición ecosocial que necesita un mundo poscovid, en el que su autor, Carlos Askunze, destacó criterios y tareas para impulsar procesos de cambio sistémicos, institucionales y culturales.

Los diálogos #VenyloVerás son una iniciativa de la revista para fomentar “el encuentro de las ideas y experiencias vividas, haciendo un alto en el camino en nuestras dinámicas cotidianas, y fortalecer así convicciones que ayuden al sueño compartido de una vida digna en una sociedad decente”, dijo el director de esta cabecera, Abraham Canales.

“Somos conscientes de que se está configurando un mundo nuevo porque este ‘ya no se aguanta’”, expuso en la presentación Canales, quien a renglón seguido apuntó que “también sabemos que las cosas pueden cambiar y que nadie se salva solo”, citando al papa Francisco. De ahí, la importancia de la llamada economía alternativa y solidaria, de la que es experto, además de promotor, como coordinador de la Red de redes REAS Euskadi, el autor del Tema del Mes del número de enero, Carlos Askunze.

En la época actual, hacen falta “alternativas que den respuesta, que puedan ser asumidas por cada uno de nosotros y nosotras, y promovidas en aquellos ámbitos en los que tenemos nuestro compromiso”, en palabras de Canales, quien recordó el empeño de esta publicación por difundir e impulsar nuevas formas de organizar la economía y la vida en común, antes de dar paso al ponente.

Honestidad en la mirada

Carlos Azkunze comenzó su intervención apelando a la necesidad de ser “honestos con la realidad para hacerse cargo y cargar con ella y poder desarrollar la misericordia samaritana de la que hablaba Ellacuría”. Lo que la evidencia muestra es que “el modelo actual está dominado por una economía de casino, donde el 95% de lo que llamamos riqueza es, en realidad, de naturaleza especulativa, sin nada que ver con la economía real, aunque la determina, basada en supuestos insostenibles, como el crecimiento ilimitado de la producción y el consumo, en niveles incompatibles con la capacidad social y ambiental de nuestro mundo”.

Por eso, argumentó, “la economía alternativa, social y solidaria, como el resto de las economías críticas y transformadoras, demanda un cambio de rumbo, cada vez más urgente, en el diseño y funcionamiento económico, que pasa por impulsar procesos de transición. Necesitamos una transición que suponga cambios sistémicos, institucionales y estructurales, pero también un cambio cultural que incluya los relatos y los valores que conforman nuestras vidas. Son cambios que tienen que ir de la mano”.

La necesaria transición, en su opinión, en realidad, requiere de múltiples procesos. Para alcanzar algo tan profundo y ambicioso como el cambio, afirmó Askunze, “solo es posible pensando en muchos procesos de transición, capaces de generar resiliencia y resistencias a las urgencias y sentar las bases de nuevos modelos que no sabemos ni denominar y por eso se les llama poscapitalistas”.

Ámbitos, criterios y tareas

De hecho, la esta economía alternativa está orientada a influir en cinco ámbitos muy concretos, como son las instituciones, las agendas públicas, los procesos de desmercantilización, la cultura entendida como los valores y prácticas asumidas, y la movilización necesaria para impulsar, exigir e incluso obligar a adoptar los cambios necesarios.

Sobre los criterios que se deben aplicar para construir modelos económicos alternativos compatibles con la vida, Askunze, propuso poner la vida en el centro de la economía, de modo que el objetivo sea la satisfacción de las necesidades de todos los seres humanos en todos los lugares del planeta, garantizado la capacidad de reproducción social y natural; el principio de justicia social y ambiental, que tan brillantemente ha plasmado el papa Francisco en Laudato si’ con su propuesta de ecología integral que responde al clamor de los pobres y de la tierra; y el principio de comunidad y bien común, como horizonte de la construcción local y global, frente al a individualización extrema, la ruptura de los lazos comunitarios, el darwinismo social y la entronización absoluta de la propiedad privada.

Las tareas urgentes a emprender, por tanto, según Askunce, son la elaboración de relatos transformadores, diversos y esperanzadores, bajo la premisa de que las ideas mueven y cambian el mundo; la construcción de nuevas organizaciones e instituciones de todo tipo, políticas, sindicales, económicas…, capaces de generar nuevas formas de organizarse, relacionarse, participar y decidir; la puesta en marcha de prácticas transformadoras en el ámbito público, comunitario y social, que anticipen las alternativas, deseables, posibles y plausibles; y la generación de un movimiento económico transformador que conecte entre sí a los diferentes agentes, agregue ciudadanía y construya alianzas diversas para abordar la transformación de las estructuras e instituciones.

Aunque el reto puede parecer inabordable, lo cierto es que el filósofo y pedagogo vasco recurrió también a su mirada creyente, al reivindicar precisamente en estos momentos de dolor e incertidumbre la profecía y esperanza de la sabiduría cristiana: “denuncia y anuncio, si se quiere, tan queridos por la comunidad cristiana y que tan buenos frutos ha dado siempre, puesto que hay en la fe y la tradición de la Iglesia católica, como de otras iglesias, una mirada particular para leer la vida económica de nuestro mundo, con un gran potencial, con nuestras debilidades y errores, para cambiar vidas y construir nuevos modelos de organización de la vida en común”.

La virtud de escuchar

Después de su intervención hubo un turno de preguntas que por la limitación de tiempo dejó muchas preguntas sin hacer, aunque reflejó bien a las claras el interés y el compromiso de los asistentes.

El responsable de Compromiso de la HOAC, Paco Álamo, encargado de cerrar el acto, no pudo más que dar las gracias al ponente y al resto de participantes, además de subrayar la necesidad de dialogar y encontrarse en torno a una cuestión tan fundamental como la planteada pero también la conveniencia de “escuchar al que más sabe y al que más sufre, como camino cierto para humanizar la cultura actual”.

Convencido de que “de nada vale una revolución de expertos, Álamo apeló también a la necesidad de cambiarse a uno mismo, acompañado por la comunidad que comparte circunstancias, sufrimientos y anhelos”, y defendió la formación integral que sirve para despertar y vivir la vocación humana a la comunión y el acompañamiento en los procesos de transformación para contribuir en nuestros ambientes al cambio de mentalidad, la lucha por que las instituciones se pongan al servicio del bien común, desde las necesidades de las personas empobrecidas, hasta lograr el desarrollo de formas alternativas de relacionarnos con los seres humanos y la naturaleza. “En la medida que haya hombres y mujeres que buscan y se ponen encamino, será posible encontrar el tesoro por el que merece la pena vender la perla que nos cambiará”, concluyó.