La crisis de los partidos políticos

La crisis de los partidos políticos
La política es mucho más que la acción y el comportamiento de los partidos políticos. Es todo lo que hacemos las personas, grupos y organizaciones sociales de todo tipo para construir la vida social; es nuestra acción como seres sociales que somos. Pero, en un sistema político como el nuestro, la acción de las instituciones políticas y, en ellas, de los partidos políticos, es muy importante.

Por eso es tan preocupante su crisis, cada vez más evidente. El desprestigio y la desafección que hacia ellas sienten cada vez más personas son preocupantes, porque son instrumentos esenciales para avanzar hacia el bien común en una democracia, a la altura de lo que necesitamos las personas y la sociedad.

En el seno de los partidos políticos parece que hay cada vez más dificultades para aceptar con normalidad la propia pluralidad interna, se refuerzan liderazgos casi caudillistas y se aparentan unanimidades que no existen, como si la diversidad y la discrepancia fueran un mal y el monolitismo lo deseable. Se apuesta por adhesiones incondicionales y el «forofismo» hacia el propio partido al que se pertenece, con el que se simpatiza o al que simplemente se vota, en lugar de por una actitud autocrítica capaz de dialogar con quien piensa diferente. Pero, sobre todo, en muchos casos, los partidos políticos han ido diluyendo su papel fundamental de canalizar en las instituciones la pluralidad social, propiciando un diálogo serio para afrontar las necesidades sociales.

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