Ana Medina, periodista: «Tenemos que mirar a los ojos, tocar la piel para romper nuestras corazas»

Ana Medina, periodista: «Tenemos que mirar a los ojos, tocar la piel para romper nuestras corazas»
La periodista malagueña presenta el programa Periferias en TRECE desde hace ya siete temporadas, un programa que da cuenta puntualmente del compromiso y diversidad de la Iglesia católica en España.

Ya son siete temporadas en la antena de TRECE, con Periferias. ¿Cuál es su valoración de la trayectoria recorrida?

La sensación es cada vez mejor. Personal y profesionalmente siento que crezco, que me enriquece más esta «misión» de anunciar en los medios el Evangelio de las periferias. Hemos ido ganando en recursos a nuestro alcance, en un equipo de profesionales sensible a los descartados y en conseguir que la audiencia quiera mirar con nosotros a esos lugares que están del otro lado o asuntos cercanos, pero desde la perspectiva que pocos más le ofrecen. El reto siempre es agudizar la mirada, descubrir las «cunetas» desde las que se grita por la justicia y hacerlo siempre desde la alegría y la esperanza, con un proyecto audiovisual que enganche a todos, también a los que no se sienten parte de la Iglesia.

En un panorama mediático complejo, que se retroalimenta de las estrategias grupales en las redes sociales, ¿cómo es posible fomentar el encuentro y el diálogo?, ¿cuáles serían las claves de la comunicación en cristiano?

Puede sonar muy simple, pero es aplicar eso que nos decían siempre los mayores cuando éramos niños: «Tenemos dos orejas y una boca, para escuchar el doble que hablamos». Un camino puede ser escuchar, abrirnos a lo que distintas instituciones y personas tienen que decir sobre aquellos asuntos que a todos nos interesan, dejarles expresarse sin miedo a la pluralidad, a la diversidad de opiniones, y entrar en diálogo desde ahí. La comunicación de «guerra», de sentirnos atacados y responder, imposibilita descubrir cualquier punto en común o confrontar argumentos desde el respeto. Las redes están llenas de ejemplos de luchas sin sentido desde el «yo te digo» y «tú me replicas» en el que ninguna de las dos partes está dispuesta a escuchar. Y la verdad puede llegarnos por la vía que menos lo esperamos.

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