Libertad de expresión, delitos de odio y convivencia democrática

Libertad de expresión, delitos de odio y convivencia democrática
La autora señala la encrucijada que existe entre los delitos de odio y las limitaciones de libertad de expresión, sin que se lastime la democracia. En el texto, plantea la búsqueda de un equilibrio justo entre el miedo y el exceso… pasando a la acción desde diversas opciones que promuevan el diálogo y, sobre todo, alienten la fraternidad y la amistad social (Cfr. FT).

El ingreso en prisión hace unos meses del rapero conocido como Pablo Hasél, condenado por un delito de enaltecimiento del terrorismo, ha vuelto a abrir el debate sobre la pertinencia de restringir la libertad de expresión en un sistema democrático como el nuestro.

El artículo 20.1 de la Constitución española recoge el derecho a expresar y difundir libremente pensamientos, ideas u opiniones por medio de la palabra hablada o escrita y a través de cualquier medio de reproducción.

Sin embargo, desde el año 2015 se ha venido recortando este derecho básico de los españoles gracias a una reforma del Código Penal, que tipifica los delitos de odio y de enaltecimiento del terrorismo, así como a través de la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana (popularmente denominada «ley mordaza») y el llamado «decretazo digital», que permite al Gobierno suspender el acceso a internet o intervenir comunicaciones privadas sin permiso judicial cuando así lo exijan criterios de orden público.

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