Jornada Mundial del Migrante y Refugiado con su lema “Hacia un nosotros cada vez más grande”

Jornada Mundial del Migrante y Refugiado con su lema “Hacia un nosotros cada vez más grande”
El papa Francisco en Fratelli tutti nos invita a no dejar de soñar juntos. Esta invitación ha de resonar cada día del año, pero de un modo especial, durante la próxima celebración de la 107 Jornada Mundial del Migrante y Refugiado con su lema “Hacia un nosotros cada vez más grande”.

Jesús de Nazaret, en línea con los profetas de Israel y desde su identificación plena con la voluntad del Padre, no solo soñó sino que trajo ya la novedad del Reino de Dios que ha cambiado para siempre el rumbo de este mundo y nuestra historia, que será siempre historia de salvación para todas las personas, todos los pueblos y el conjunto de lo creado. Su vida entera, su Pascua, fueron ese Reino ya injertado y fecundando la historia humana para llevarla a su plenitud. Ese fuego nunca se ha apagado en la Iglesia, que continúa en el tiempo la obra del Señor. Hemos de hacer memoria de esa pasión de Dios por la humanidad, tanto en los momentos de plenitud como en los de  crisis globales o locales, y orientarnos hacia esa plenitud que será siempre parcial, hasta que Dios lo sea todo en todos.

El fenómeno de la movilidad es parte constitutiva del devenir humano, de la cultura de todos los pueblos creados en una Tierra a la que Dios jamás dibujó fronteras. Desde sus orígenes la Iglesia ha abrazado todos los pueblos y culturas, nace universal en la diversidad y gestiona las tensiones que ello genera. Actualizar este abrazo en respuesta al desafío de las migraciones nos compromete como católicos a repensar cómo concretamos en lo cotidiano lo que creemos, celebramos y profesamos. He aquí algunas propuestas tomadas desde Fratelli tutti que nos llevan hacia ese “nosotros” cada vez más grande.

Frente al malestar social y la manipulación de la verdad

Contribuir a desenmascarar el manoseo, desfiguración y ocultamiento de la verdad en los ámbitos “públicos y privados”. También en lo que respecta a las noticias o narraciones en torno a las personas migrantes o al fenómeno de las migraciones. (FT 208)

Evitar la agresividad social en forma de insultos, maltratos, descalificaciones, latigazos verbales tanto en las redes sociales como en las conversaciones a pie de calle. (FT 44-45)

Fomentar las redes de solidaridad y la organización a todos los niveles, así también con los movimientos populares donde los trabajadores (migrantes o no, regulares o irregulares), pueden encontrarse, escucharse y defenderse juntos de la precariedad, incluso apoyando algo así como sindicatos de colectivos precarizados en el ámbito del campo, los cuidados, la construcción, la venta ambulante. (FT 116)

Frente a la precariedad

Quienes trabajamos y acompañamos a las personas migrantes evidenciamos sus enormes dificultades para obtener una autorización de residencia y trabajo y la enorme sencillez con que ésta se pierde. Y consideramos que la normativa de extranjería dentro y fuera de la Unión Europea deber ser revisada con el objetivo de evitar que las personas extranjeras vivan en permanente riesgo de caer en la irregularidad y de perpetuarse en la precariedad.

Porque “el gran tema es el trabajo (…) El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo” (FT 162).

Frente a la exclusión y la hostilidad

Algunas respuestas indispensables, sobre todo frente a los que escapan de graves crisis humanitarias. Por ejemplo: incrementar y simplificar la concesión de visados, adoptar programas de patrocinio privado y comunitario, abrir corredores humanitarios para los refugiados más vulnerables, ofrecer un alojamiento adecuado y decoroso, garantizar la seguridad personal y el acceso a los servicios básicos, asegurar una adecuada asistencia consular, el derecho a tener siempre consigo los documentos personales de identidad, un acceso equitativo a la justicia, la posibilidad de abrir cuentas bancarias y la garantía de lo básico para la subsistencia vital, darles libertad de movimiento y la posibilidad de trabajar, proteger a los menores de edad y asegurarles el acceso regular a la educación, prever programas de custodia temporal o de acogida, garantizar la libertad religiosa, promover su inserción social, favorecer la reagrupación familiar y preparar a las comunidades locales para los procesos integrativos (FT 130).

La Iglesia aboga por acoger, proteger, promover e integrar a los millones de migrantes que viven con nosotros, haciéndoles sentir que no están solos. Trabajando a favor de la concesión de permisos de trabajo y residencia, de la regularización de las personas migrantes. Visibilizando sus problemas, denunciando las injusticias, dándoles voz, no sólo hablando sobre ellos, sino hablando, caminando con ellos.

Verdad, hospitalidad, cultura del encuentro, ciudadanía

Como Pueblo de Dios, hemos de trabajar a todos los niveles, para aplicar los criterios que emanan de la Enseñanza Social de la Iglesia, contribuyendo a que los nuevos Pactos Migratorios que está elaborando la UE se acerquen mejor a una perspectiva garantista de derechos que coloque la dignidad de la persona y el bien común en el centro de todo. No podemos conformarnos con políticas que consagren la Europa fortaleza, la precariedad laboral, las necropolíticas de externalización y militarización del negocio de las fronteras, las devoluciones sumarias, la criminalización de los migrantes.

Desde nuestras parroquias, movimientos, barrios, pueblos o ciudades, seamos creativos para favorecer cultura de la hospitalidad y el encuentro. Para trabajar al servicio de la verdad en lo relativo a las migraciones y sus narraciones en positivo, como coherencia con la defensa de la cultura de la vida y su dignidad. Abriendo espacios de acogida y refugio donde las personas migradas, temporales o no, puedan sentirse parte de un nosotros, sin crear guetos y abiertos a la diversidad y a sus aportaciones en el seno de comunidades católicas, universales e interculturales. Abogando por la regularización de los migrantes en situación irregular en el territorio europeo y por políticas y leyes que promuevan una migración ordenada y ajustada a la Enseñanza Social de la Iglesia y el respeto de los derechos humanos.

En resumen, desde el enfoque de los derechos humanos y la concepción cristiana de la dignidad de la persona y el principio del bien común, una persona migrante, un solicitante de asilo, una persona refugiada no “pierde sus derechos por el camino” sino que es sujeto de derechos ahí dónde está, por el hecho de ser persona. Por eso, junto a los trabajadores migrantes tanto temporales como establecidos, “es necesario comprometernos para establecer en nuestra sociedad el concepto de plena ciudadanía – – que se basa en la igualdad de derechos y deberes bajo cuya protección todos disfrutan de la justicia– y renunciar al uso discriminatorio de la palabra minorías, que trae consigo las semillas de sentirse aislado e inferior; prepara el terreno para la hostilidad y la discordia y quita los logros y los derechos religiosos y civiles de algunos ciudadanos al discriminarlos” (FT 131).