Combatir el empobrecimiento

Combatir el empobrecimiento
Foto | Dorothea OLDANI (unsplash)
La ONU propone el 17 de octubre como Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, subrayando que en un mundo con un nivel sin precedentes de recursos económicos, tecnológicos y financieros, «es un escándalo moral que millones de personas vivan en la extrema pobreza».

Conviene no ignorar y no olvidar dos cosas. La primera, que los empobrecidos son el resultado de la desigualdad y de una sociedad que estructuralmente reproduce una desigualdad cada vez mayor: es el acaparamiento de la riqueza por parte de unos lo que impide que todas las personas puedan disponer de los bienes necesarios para vivir de acuerdo a su dignidad. La segunda, que acabar con la desigualdad estructural que fabrica empobrecidos no es algo más entre otras cosas sino lo más importante para construir una sociedad humana: «Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres… atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es la raíz de los males sociales» (Francisco, Evangelii gaudium, 202).

En el Informe Mundial sobre la Protección Social 2020-22 que acaba de publicar, la OIT recuerda que más de 4.000 millones de personas carecen de protección social y que la desigualdad en el acceso a una protección social adecuada ha aumentado. Insiste, una vez más, en que promover el trabajo decente y construir sistemas de protección social universales y permanentes son esenciales para luchar contra la desigualdad y la pobreza, para un futuro sostenible humanamente. Trabajo digno y protección social.

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