Experiencias y propuestas que alientan la esperanza para cuidar el trabajo y la casa común

Experiencias y propuestas que alientan la esperanza para cuidar el trabajo y la casa común
—El cuidado de la casa común y el cuidado fraternal de los trabajadores, de las trabajadoras, y del trabajo, camino esencial para el desarrollo humano integral.
—La Pastoral del Trabajo, una respuesta de esperanza
Cobertura especial de Noticias Obreras

Parte de la mañana y toda la tarde del sábado de las Jornadas de Pastoral del Trabajo, ha sido dedicadas a conocer iniciativas y experiencias vinculadas al cuidado de la casa común. El hilo conductor de las intervenciones de los tres militantes cristianos ha sido, mayoritariamente, la Laudato si’. La encíclica social del papa Francisco es una referencia compartida y común del compromiso cristiano, cada vez mayor, por atender un único grito: el de las personas empobrecidas y el del planeta, nuestra casa común, como consecuencia de un sistema socioeconómico que “mata” y que ya “no se aguanta”.

Finalmente, el departamento de Pastoral del Trabajo ha presentado las prioridades para el próximo tiempo.

Cristianos y Cristianas por el Clima

Manuel Díaz ha presentado, vía Zoom, la iniciativa Cristianos y Cristianas de Córdoba por el Clima promovida por entidades de inspiración cristiana y parroquias que “han querido sumarse” a un movimiento, cada vez más grande, sobre el cuidado de las personas y de la casa común.

La iniciativa se concreta en octubre de 2020, cuando movimientos apostólicos del mundo del trabajo, delegaciones diocesanas, comunidades religiosas y distintas parroquias se constituyen “como punto de encuentro”, para reunir a la comunidad cristiana, tomar conciencia y visualizar el problema del cambio climático, así como avanzar hacia estilos de vida más responsables, tanto al interior de la Iglesia como junto con otros movimientos hacia el conjunto de la sociedad.

En este corto recorrido, han realizado distintas acciones de sensibilización e información en una doble dirección, dar a conocer la Laudato si’ y las consecuencias del cambio climático. Ha participado en encuentros y han incidido en la concienciación de la cumbre del clima COP26, tanto en parroquias como en espacios públicos de la ciudad. El desafío al que nos enfrentamos “plantea retos” a los que debemos responder con “justicia y sensatez”, según Díaz.

En este sentido, la militancia cristiana “tiene mucho que aportar” en fidelidad a los pobres y al Evangelio. Abriendo procesos de diálogo y de intervención para abordar esta cuestión en el mundo del trabajo, “la crisis social y ambiental van de la mano” y el trabajo decente es cuidadoso con la creación. El mundo del trabajo está estrechamente ligado al cuidado de las personas y del planeta. Partiendo además, de un compromiso comunitario, para que en las diócesis se realice un trabajo transversal con otras iniciativas, discernir a la luz de la DSI, mantener una voz profética, defender los derechos socioambientales.

Díaz ha concluido subrayando la necesidad de “apostar por un estilo de vida que supere el individualismo, formación en criterios y valores que permitan avanzar hacia una conversión integral, con ayuda de redes comunitarias”.

Círculo de Silencio Laudato si’ 

José Torralvo, de la diócesis de Plasencia, ha compartido la experiencia del Círculo de Silencio Laudato si’. Un lugar de encuentro para la reflexión y sensibilización entorno a la encíclica que, además, permite visibilizar y sensibilizar a la ciudadanía sobre la realidad socioambiental. Promovido por personas cristianas, este círculo se constituyó durante el proceso de rechazo a la “Mina de Cañaveral” por su agresión y degradación al medioambiente de la comarca, y a la salud de sus ciudadanos “por el alto índice de litio en el aire”. 

El círculo hace una llamada a la “transformación de corazones y mentes hacia un mayor amor por Dios, por los demás y por la creación. Es un proceso de reconocimiento de nuestra contribución a la crisis social y ecológica y de actuar de maneras que nutran la comunión: sanando y renovando nuestro hogar común”, ha dicho Torralvo, con la idea de superar nuestras formas de vida que desatiende el cuidado de la creación (cf. LS 218).

Este compromiso, “nos hace tomar conciencia de la situación”, y que “el clamor de la tierra” está interconectado a “a los problemas que afectan al mundo del trabajo” para avanzar hacia un cambio profundo de nuestra mentalidad y de los estilo de vida “tanto comunitariamente como personal”.

Torralvo ha expresado las motivaciones que desde la fe surgen para el cuidado de la casa y el bien común desde un discernimiento personal y comunitario que comprometa vitalmente en las tareas evangelizadoras, con un “amor apasionado” y una actitud paciente y sencilla, ser “levadura en medio de la masa, como la sal en los alimentos, como la luz que ilumina la casa”. En esta línea, plantea necesario “participar en iniciativas de mejora pública que susciten una acción política decisiva para el bien común”, en defensa del planeta y del trabajo digno. “Me parece que lo más urgente hoy es encontrarnos y hacer frente común creyentes y no creyentes” ante esta realidad para ir construyendo una nueva fraternidad de hermanos y hermanas.

Militancia socioambiental 

Para concluir con el capítulo de experiencias, Julio Ruiz de la diócesis de Ciudad Real, ha compartido su militancia en Ecologistas en Acción, una de las grandes organizaciones ecologistas del país, que forma parte del llamado ecologismo social. Su visión de los problemas socioambientales son el “resultado de un modelo socioeconómico devastador para la creación y la persona”. Su incidencia se desarrolla en acciones de sensibilización, denuncias para proteger el medioambiente, y plantear alternativas concretas y viables en cada uno de los ámbitos en los que desarrolla su actividad.

Ruiz ha realizado un recorrido histórico de los hitos que desencadenan, en Ciudad Real, procesos de movilización de la ciudadanía y que hizo florecer y consolidar el movimiento ecologista. 

Su pertenencia al ecologismo “es un poco casual, casi sin quererlo”, ya que se “engancha” en uno de esos procesos de gran movilización social  “que hace que los proyectos se paren” va “descubriendo el entramado económico y político” que hay detrás de cada agresión al medioambiente y a ponerlo en contraste con la fe y su compromiso cristiano ampliando su conciencia militante. “Esta lucha me aporta unir el cuidado de la creación y del trabajo”, ha expresado Ruiz.

Los militantes cristianos “aportamos una dinámica de servicio, de acompañamiento, de forma constructiva y caritativa para entrar en comunión”, ha señalado. Junto con un estilo de vida concreto, aportamos nuestra fe que alimenta la esperanza “pese a los fracasos”. La centralidad de la persona y su dignidad; la mística del cuidado de la creación:  el apoyo, reconocimiento y gratitud a la causa ecologista… son también aportaciones que ha destacado Ruiz.

La Pastoral del Trabajo, una respuesta de esperanza

En la última parte de la tarde, antes de pasar al trabajo por grupos, Antonio J. Aranda, director del departamento de Pastoral del Trabajo, ha expuesto las respuesta de esperanza de la Iglesia al mundo obrero, para los próximos tiempos, en base a cuatro prioridades: 

La vida y misión de la Iglesia. En una doble dirección, acompañando a las diócesis y con nuevas dinámicas de coordinación y trabajo transversal en la Conferencia Episcopal en temas como la salud laboral, la renta básica, la formación en Doctrina Social de la Iglesia, las migraciones, el cuidado de la casa común…

La presencia en la sociedad, para atender los desafíos que la realidad social y el mundo del trabajo plantean a la Iglesia. Un paso a dar es “seguir cultivando nuestra relación con las organizaciones sindicales, queremos retomar ese contacto lo antes posible” para que “la Iglesia escuche la voz de las organizaciones que surgen del mundo del trabajo”. En este sentido, se pretende también acompañar a “militantes obreros cristianos que viven su compromiso en los sindicatos”, comenzando con un diálogo en un encuentro con ellos, previsto para junio de 2022.

Por otro lado, se avanzará en la colaboración con la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente y se visibilizar con mayor insistencia “el problema de la salud y la seguridad en el trabajo” tanto en las diócesis como en el 28 de abril, Día Mundial por la Salud y la Seguridad en el Trabajo. 

Un tercer eje es la formación de militantes obreros cristianos en Doctrina Social de la Iglesia (DSI), para lo cual se están “barajando posibilidades de promover, online, una Escuela de Formación Sociopolítica de la Fe, así como el colaborar con las distintas experiencias que ya en muchas diócesis se vienen promoviendo desde la Pastoral Obrera y del Trabajo”.

Y, como cuarta prioridad, se propone la extensión de esta pastoral que, aún gozando “de buena salud” en 34 diócesis, se pretende “llegar a más diócesis y seguir cualificando nuestra presencia” en ellas. Del mismo modo, es una tarea constante acompañar la vida y el apostolado de los movimientos especializados en el mundo del trabajo; así como profundizar en la Teología del Trabajo. 

Con estas prioridades intentamos responder a la realidad que observamos y a las que necesitamos dar respuesta con nuestro compromiso evangelizador… sobre el “gran tema [que] es el trabajo”, ha subrayado Aranda.

 

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