La participación como corazón de la democracia

La participación como corazón de la democracia
Faltan dos años para las siguientes elecciones generales, si no hay un adelanto electoral. La oposición se ha mantenido en campaña desde el inicio de la legislatura. La coalición de Gobierno ha desarrollado su acción política con un ojo puesto en sus posibles resultados electorales.

De hecho, todos ya se están moviendo, pensando en los próximos comicios. En este contexto es esencial que los partidos avancen en impulsar mayores cotas de participación.

Esta es clave para revalorizar la acción política y para ayudar a corresponsabilizar a la ciudadanía en la construcción de un proyecto social más a la altura de las necesidades de las personas, especialmente de las más afectadas por la crisis social y sanitaria que estamos viviendo.

La participación en la vida social es una necesidad humana para podernos desarrollar como personas y como sociedad. Es un derecho y un deber, y son muchas sus caras, desde la responsabilidad y la participación en los niveles más básicos de la vida política –las instituciones de nuestro pequeño mundo– hasta la participación efectiva en la toma de decisiones.

Votar a unos representantes políticos no es entregar un cheque en blanco, ni puede significar despreocupación, ni renuncia al control de su gestión ni, muchos menos, dejación en la construcción del bien común. Cuando hacemos esto las posibilidades de corrupción de nuestras instituciones aumentan. Tenemos ejemplos «reales».

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