Detenerse y querer ver

Detenerse y querer ver

En su Mensaje para la Cuaresma, el papa Francisco nos invita a vivirla como un tiempo de gracia para pasar de la esclavitud a la libertad. En ese sentido nos invita a tomar decisiones, personales pero sobre todo comunitarias, para crecer en ser un signo de esperanza.

Dos cosas me llaman especialmente la atención y me interpelan de este mensaje: la invitación a detenerse y a querer ver. Las dos son particularmente importantes para nuestra Iglesia y para la sociedad.

Detenerse. Dice Francisco: “Es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano, ante el hermano herido”. Son dos realidades inseparables: “detenerse ante la presencia de Dios, en la carne del prójimo”. ¡Qué importante es detenerse, contemplar la realidad, salir de la superficialidad y detenerse para crecer en humanidad, no pasar corriendo por todo! ¡Y qué importante es en el ritmo acelerado de nuestra sociedad que no nos deja contemplar!

Esta invitación a detenerse me ha recordado la reflexión de fin de año de Cristianismo y Justicia que expresaba también esa necesidad de detenernos como una clave fundamental: “ante el dolor y el sufrimiento del otro solo cabe pararlo todo, porque lo que está sucediendo es muy grave, porque cualquier persona es sagrada”. ¡Cuántas cosas cambiarían si nos situáramos así!

Querer ver. Dice Francisco: “Para que nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer ver la realidad”. Como hizo Dios: “He visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo” (Ex 3, 7-8). “También hoy llega al cielo el grito de tantos hermanos y hermanas oprimidos. Preguntémonos: ¿nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude? ¿Nos conmueve?”.

Necesitamos querer ver. Porque la globalización de la indiferencia, el mirar hacia otro lado, el pasar de largo, el vivir insensibles y ciegos ante la realidad, es un profundo mal social que rompe la fraternidad y mata la esperanza. Como decía también la reflexión de Cristianismo y Justicia, necesitamos “recuperar la lógica de lo evidente”.

Todos las personas cristianas y todas las comunidades cristianas necesitamos querer ver y detenernos, para ayudar a nuestra sociedad a que también lo haga. En Fratelli tutti (FT), Francisco no propone meditar la parábola del buen samaritano (Lc 10, 25-37) para descubrir mejor lo que esto significa: “Esta parábola es un icono iluminador, capaz de poner de manifiesto la opción de fondo que necesitamos tener para reconstruir este mundo que nos duele (…) La parábola nos muestra con qué iniciativas se puede rehacer una comunidad a partir de hombres y mujeres que hacen propia la fragilidad de los demás, que no dejan que se erija una sociedad de la exclusión, sino que se hacen prójimos y levantan y rehabilitan al caído, para que el bien sea común”. “No es un opción posible vivir indiferentes ante el dolor, no podemos dejar que nadie quede “a un lado de la vida”. Esto nos debe indignar, hasta hacernos bajar de nuestra serenidad para alterarnos por el sufrimiento humano. Eso es dignidad” (FT 67 y 68).

Es muy importante el “esto es dignidad”. Es lo humano, lo que nos hace crecer en humanidad, lo que nos ayuda a pasar de la esclavitud a la libertad.

La HOAC hemos decidido poner una especial insistencia en proponer lo que supone cuidar el trabajo, cuidar la vida como una necesidad del mundo obrero y del trabajo.

La propuesta que nos hace Francisco para esta Cuaresma es también una invitación a saber detenernos y querer ver, como dimensión importante de ese pasar de la esclavitud a la libertad, lo que en el hoy de la realidad concreta de nuestros hermanos y hermanas trabajadoras significa cuidar el trabajo, cuidar la vida.

Seguro que si somos capaces de detenernos ante Dios en la carne de los trabajadores y trabajadoras que más sufren el descuido del trabajo nuestra propuesta será mucho más un signo de esperanza, por pequeño que sea.

 

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