¡Qué no nos falten nunca
ni el vino ni el amor!

¡Qué no nos falten nunca ni el vino ni el amor!

Vamos a despertar, amigos, que es tiempo de caminos.

La mies es abundante, los obreros pocos, como siempre.
Dura es la tarea y el jornal, ya se sabe, pendiente
de leyes económicas, hechas –esto es grave─ por los pudientes.

¡Vamos, levántense, que es tiempo de caminar!

La labor es ardua, el trabajo por delante inmenso:
el cambio de instituciones, quebrar consensos,
soñar un nuevo concepto de propiedad
que nos haga a todos libres y a todos dueños…

¡Vamos, arriba, que es tiempo de gracia viva!

Somos el pueblo nuevo que soñara Jesús,
los pobres obreros de su reino, los que llevan su cruz
gloriosa llenando de vida estos pagos de muerte…
sembradores de vida solo somos, portadores de luz

Vamos, amigos, levántense, arriba, que ya es tiempo
de celebrar las bodas de la paz y la justicia.

Traigan, pues, amigos, el vino y la alegría,
que no falten el baile y los besos y las risas,
y sobre todo, que no falte el amor…
¡en las bodas de la vida!

¡Vamos, arriba, amigos, que es tiempo de gracia viva!