La HOAC inicia la celebración del 75 aniversario de su nacimiento

La HOAC inicia la celebración del 75 aniversario de su nacimiento
Durante un año, 3 de noviembre de 2020-2021, este movimiento de trabajadoras y trabajadores cristianos realiza la celebración de sus 75 años de nacimiento, del encuentro entre la Iglesia y el mundo obrero y del trabajo, con el lema Tendiendo puentes, derribando muros.

El 3 de noviembre de 1946, en la clausura de la I Semana Nacional celebrada en Madrid, se sitúa la fecha de nacimiento de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), el proyecto que los obispos españoles encargan a Guillermo Rovirosa –primer militante y actualmente en proceso de canonización— impulsar una Acción Católica especializada para la presencia y la evangelización del mundo obrero. La HOAC –movimiento que edita Noticias Obreras–, va a celebrar “con gozoso agradecimiento, estos primeros setenta y cinco años de existencia, de fidelidad eclesial, de entrega incondicional de las vidas de tantos hombres y mujeres militantes, y de comunión con la vida de nuestras hermanas y hermanos del mundo obrero”.

Es, además, un acontecimiento eclesial, que se irá concretando en las distintas diócesis. Lo es también para ser vivido y compartido con el mundo obrero, celebrando juntos las alegrías, esperanzas y luchas. A lo largo de todo este año, hasta el 21 de noviembre de 2021, se desarrollarán diversos actos y se realizarán publicaciones y contenido multimedia conmemorativo, para mirar con gratitud al pasado, para proyectar el futuro, en la vivencia comprometida del presente: Tendiendo puentes, derribando muros. 75 años de encuentro entre la Iglesia y el mundo obrero.

Acto de apertura

Ayer, en Madrid, se realizó el acto de apertura general del aniversario con la realización de la Eucaristía, –Sevilla, Canarias y Plasencia, también lo hicieron–, con la participación de militantes y consiliarios de la diócesis de Getafe, Madrid, Alcalá y de la Comisión Permanente, junto con movimientos hermanos de Acción Católica. En la homilía, Fernando Díaz, consiliario general, ha dado las gracias “al Padre que, en su misericordia, ha querido sostener esta obra comenzada en Él” y que continua por el “empeño que un día la Iglesia puso en nuestras manos a través de Guillermo Rovirosa”. “Gracias porque el Espíritu suscitó el encuentro de hombres y mujeres de fe en esta tarea” de encuentro en el mundo obrero y del trabajo; puso en camino a Rovirosa, “a Eugenio Merino, a Tomás Malagón, y a tantos militantes y consiliarios empeñados en ser voceros de la invitación al banquete de Dios para todos con su vida entregada”.

Una acción de gracias que, además, se concreta en una manera de vivir y de actuar para responder a las situaciones de empobrecimiento del mundo obrero y del trabajo, “experimentado en esta historia nuestra el amor misericordioso de Dios, hemos de construir nuestra vida desde el amor y para el amor, tendiendo puentes entre la Iglesia y el mundo obrero y del trabajo, siendo renovadamente fieles a esa misión que la Iglesia nos encomienda: plantar la Iglesia más allá de los terrenos cultivados”, en las periferias existenciales “haciendo nuestros los gozos y esperanzas, las tristezas y las angustias de las personas a quienes acompañamos en su vida, con quienes buscamos cambiar la mentalidad de nuestro mundo y construir una cultura de fraternidad y amistad social. Hemos trabajado con ellos para propiciar que las instituciones estén al servicio de las personas, y con ellos vamos haciendo nacer experiencias alternativas de comunión, que visibilicen la cercanía del Reino preparado por Dios. Hemos sido pueblo con nuestros hermanos y hermanas del mundo obrero, y con ellos hemos realizado nuestro ser Pueblo de Dios”.

Ahora, más que nunca

En esas realidades sufrientes del mundo del trabajo, “hemos de seguir anunciando con nuestra vida personal y comunitaria que la esperanza del Reino nos anima y empuja, que ahora, más que nunca sigue siendo necesaria la comunidad creyente de hombres y mujeres” se empeñen “para que la Iglesia siga siendo la expresión, el sacramento, del amor de Dios a toda la humanidad, y especialmente a los empobrecidos”; haciendo vida “el Evangelio de Jesucristo, construyendo fraternidad y amistad social, tendiendo puentes, derribando muros, haciendo posible la reconciliación de toda la humanidad con Dios y con la creación”, e implicados en desvelar “la sagrada dignidad de cada persona, imagen de Dios, y siga empeñada en que el trabajo –el gran tema, dice el Papa– sea la manifestación más visible de esa dignidad”.