La muerte en el trabajo o el arte de mirar para otro lado

La muerte en el trabajo o el arte de mirar para otro lado

No llevamos ni tres semanas completas del nuevo año, y ya hemos de lamentar un nuevo siniestro laboral de un trabajador cordobés. Se trata de un vecino de Cañete de las Torres, de 33 años, casado y sin hijos que murió al ser golpeado en la cabeza por un cable de enganche que se soltó, cuando sujetaba una estructura para la fabricación de piezas de plástico de la localidad jienense de Alcaudete, donde trabajaba en la empresa Fortiter SL.

Desconocemos todo lo relacionado con el siniestro: si era un trabajador indefinido, temporal o con contrato precario; el tiempo que llevaba trabajando y las condiciones del empleo: si había contado con la formación suficiente o no; las medidas de prevención de riesgos laborales implementadas por la empresa (¿llevaba puesto el casco?), si la maquinaria utilizada estaba en óptimas condiciones de uso… Todo ello debe ser objeto de estudio e investigación para determinar las causas y depurar responsabilidades, pero lo cierto es que, desgraciadamente, todo llega demasiado tarde para él. De ahí, nuestra constante demanda de una mejora en la cantidad y calidad de las inspecciones de trabajo en las empresas.

Las muertes en el trabajo siguen siendo las muertes olvidadas. No nos cansaremos de repetirlo, mientras continúen ocurriendo y las distintas administraciones sigan mirando para otro lado. Nos parece increíble que, en 2020, un año de pandemia en el que se ha producido una reducción importante en el empleo, las muertes en jornada hayan aumentado de 84 a 92 en Andalucía entre enero y noviembre, siendo la comunidad autónoma con más fallecidos.

Denunciar la indiferencia y pasividad

La HOAC, como movimiento cristiano en el mundo del trabajo, queremos denunciar la indiferencia y la pasividad de nuestras autoridades, y su falta de compromiso para aumentar los recursos de prevención, inspección y control que puedan erradicar esta lacra. De igual manera, hacer un llamamiento a las empresas para que no reparen en gastos que impidan la enfermedad y la muerte de su mejor activo: las y los trabajadores.

Y, también afirmar que hay mucho margen de mejora en lo que a prevención se refiere: mejorando los contratos, estabilizando las plantillas, impartiendo la formación adecuada, adoptando todas las medidas de prevención posibles, etc. No olvidemos que la responsabilidad legal de los siniestros laborales recae en el empresario.

Compartimos las palabras del papa Francisco cuando expresa que: “En este sistema se ha sacado al hombre, a la persona humana, del centro y se ha reemplazado por otra cosa. Porque se rinde culto idolátrico al dinero. Porque se ha globalizado la indiferencia (…) Este sistema ya no se aguanta. Tenemos que cambiarlo, tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos”.

Por eso seguimos gritando: ¡El trabajo es para la vida, ni una muerte más!