La archidiócesis de Burgos instaura la Pascua del Trabajo

La archidiócesis de Burgos instaura la Pascua del Trabajo
Impulsada por el arzobispo de Burgos, Mario Iceta, se establece en la diócesis, el III domingo de Pascua, una jornada de oración especial por el mundo obrero en todas las eucaristías y celebrar así la Pascua del Trabajo.

La propuesta del arzobispo de Burgos realizada en el último encuentro de la Pastoral Obrera de celebrar la Pascua del Trabajo, tal y como anunció Noticias Obreras, tiene fecha de concreción. El III domingo de Pascua, que este año es el 18 de abril, se instaura en la diócesis de Burgos, una jornada “que nace con el deseo de resaltar la dignidad del trabajo como cooperación a la obra creadora de Dios y como elemento que nos dignifica y nos hace crecer hacia nuestra plenitud”, según indica en la carta dirigida a la diócesis.

A través de un subsidio litúrgico, la delegación diocesana de Pastoral Obrera dinamizará con las parroquias esta jornada, cercana al Primero de Mayo, en una situación actual que Iceta describe de “fatiga existencial” como consecuencia del coronavirus, que se está llevando por delante “la vida de muchos hermanos” y “el trabajo y las ilusiones de muchas personas”, que construyen “la ciudad humana” y el “sueño de Dios”.

Trabajo decente

En su misiva, el arzobispo señala que el trabajo, además de ser una dimensión fundamental de la vida humana, nos convierte en creadores, por eso “toda injusticia cometida contra el trabajador daña la propia dignidad humana y nos embrutece”. Destaca la importancia del trabajo, para la vida de las personas, para el cuidado del prójimo y para la construcción de una sociedad fraterna. De ahí que trabajar, no es una “actividad productiva sin más”, necesita de unas condiciones “justas, adecuadas y respetuosas” con los trabajadores y las trabajadoras “que promueva siempre su inherente dignidad”. En este sentido, invita a discernir la realidad “con los ojos de Evangelio y con la Doctrina Social de la Iglesia reavivando las esperanzas que a día de hoy se ven amenazadas” y que impiden el crecimiento espiritual del trabajo y de cuidar “a la familia, a quienes nos rodean y particularmente a los necesitados. La Palabra es el termómetro que mide nuestra fidelidad y nos ayuda a unir trabajo y oración”.

En la carta, advierte del contrasentido que supone hablar de “mercado laboral” al considerar que “el trabajo no es una mercancía que se pueda mercadear”. En esta lógica, que hay que superar, es la persona trabajadora quien sufre los procesos de deshumanización. En continuidad con el magisterio social de la Iglesia, trabajo decente y persona, son inseparables para promover procesos de humanización que sitúen “en primer lugar y en el centro de todo a la persona”, con condiciones respetuosas y justas.

Acompañar y transformar

Iceta emplaza a los cristianos y las cristianas de la diócesis a ser “pan partido y vino derramado que se conviertan, por amor y dignidad hacia los que más sufren, en Cuerpo y Sangre de Aquel que nos amó primero”. Y así, consecuentemente, acompañar “a quienes no pueden trabajar, a los parados”; luchando por transformar “las condiciones penosas e indignas” del mundo del trabajo; y honrando “a quienes han sido heridos o han perdido la vida” en el trabajo, y “siendo apóstoles entre los trabajadores” (Cfr. Benedicto XVI). Finalmente, reconoce la aportación de quienes “nos precedieron y, quienes, con nosotros, colabora en la edificación de una sociedad justa y fraterna”.

 

 

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