Antonio Viera: “Hay que favorecer la cultura del encuentro como oportunidad de transformación personal y colectiva”

Antonio Viera: “Hay que favorecer la cultura del encuentro como oportunidad de transformación personal y colectiva”
Antonio Viera, consiliario de la HOAC de Canarias y capellán en el CIE Barranco Seco en Las Palmas de Gran Canarias, ha sido distinguido por la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) con el Premio Carisma de Misión y Cooperación, en representación de la Iglesia canaria.

¿Cómo es su día a día?, ¿qué responsabilidades tiene en la actualidad?
El día comienza poniéndome en la presencia del Padre para escucharle, en la oración, el estudio del Evangelio y en la Eucaristía. Luego ya comienza la actividad pastoral, la atención a las personas de las parroquias, vivo en un barrio obrero, marginal de la ciudad de las Palmas de Gran Canarias, con una realidad muy fuerte de paro y exclusión social. El acompañamiento a las Cáritas del Arciprestazgo, a los grupos de las parroquias. También estoy en un equipo de HOAC.

Soy capellán del Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) y miembro del equipo del Secretariado Diocesano de Pastoral de Migraciones; los miércoles por la mañana acudo al CIE para estar con los jóvenes migrantes, para acompañarlos; hacerles sentir que no están solos, que hay muchas personas que están comprometidas en la defensa de sus derechos y dignidad. Recuerdo que cuando me acerqué, por primera vez al CIE, resonaba en mi mente y en mi corazón aquellas palabras del Señor a Moisés, “quítate las sandalias de los pies, porque el sitio que pisas es terreno sagrado” (Ex 3, 5). Descalzarme suponía liberarme de todo prejuicio, de esquemas preconcebidos, ir desarmado al encuentro de las personas migrantes, desde la presencia pequeña e insignificante.

¿Qué le mueve a encabezar esta lucha y la defensa de los derechos de las personas migrantes?
Bueno, yo no la encabezo, afortunadamente hay muchas personas, y plataformas sociales y eclesiales que están embarcados en esta lucha, yo me incorporo a esa ola, para hacer mi aportación. Y me mueve, por supuesto, mi condición de creyente en Jesucristo, viviéndolo desde el ministerio, para hacerme solidario y compartir con los descartados de la sociedad, a los que me siento enviado, haciendo presente y reconociendo entre ellos a Jesucristo, Salvador del ser humano y esperanza del mundo. Poniendo en el centro a la persona. La persona es lo primero; reconocer el valor intocable de cada persona, con todas sus circunstancias concretas, nada fáciles ni idílicas, cada persona es digna de ser acogida, respetada, valorada y acompañada en su proceso y situación. Y porque veo en ellos el rostro sufriente del mismo Jesús. Según aquellas palabras del Mensaje del papa Francisco en la I Jornada Mundial de los Pobres que nos dijo: “Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres”.

Muchas personas internadas en el CIE se encuentran en situación de vulnerabilidad que además siempre se agravan con el paso del tiempo de internamiento

Me mueve servir a la persona concreta en su situación específica. Muchas personas internadas en el CIE se encuentran en situación de vulnerabilidad que además siempre se agravan con el paso del tiempo de internamiento. Me mueve defender sus derechos y denunciar su vulneración. Me mueve, en definitiva, como creyente en el Proyecto de fraternidad y humanización de Jesús, la lucha contra la injusticia social, en concreto en el CIE.

Como dice Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger, profeta de nuestro tiempo, “quienes se acerquen a los caminos de la emigración no podrán no rebelarse contra las torturas a que son sometidos los emigrantes, contra el sufrimiento que se les causa, contra la muerte hacia la que se les empuja. De ahí la importancia de que sean muchos los que lleguen a pisar esos caminos, de modo que el mundo se vaya llenando de hijos de Dios que trabajan por la paz, de hombres y mujeres con hambre y sed de justicia.”

¿Cómo se involucró en concreto en la movilización por el cierre de los CIE, como el de Barranco Seco en Las Palmas de Gran Canaria?
Entiendo que ninguna persona es ilegal, y que recurrir al internamiento de las personas migrantes es algo innecesario, que además infringe un sufrimiento enorme en la persona, por lo que supone de frustración en su proyecto migratorio, ante lo que es sólo una falta administrativa, por la que no deberían ser privados de libertad.

Pero, además, el CIE vulnera sistemáticamente los derechos humanos de las personas retenidas, ya que escasean el acceso a los servicios básicos (sanitarios, de higiene, asesoramiento jurídico servicio de traducción e interpretación, etc.)

Y si algo positivo nos dejó la pandemia de COVID-19 fue el vaciamiento de los CIE lo cual puso en evidencia la innecesaria existencia de los mismos. Como afirma el Informe CIE 2020 del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM): “España sobrevivió sin internamiento de personas extranjeras: la existencia de los CIE es innecesaria.”

Desde el Secretariado de Pastoral de Migraciones nos involucramos en las organizaciones sociales que trabajan por el Cierre de los CIE, como es la “Plataforma CIE NO”; desde ahí y la presencia en el CIE de Barranco Seco, me involucro en esta lucha.

¿Qué reacciones genera su compromiso en personas que no están acostumbradas a tratar con sacerdotes?
Ante todo, de mucho respeto y de valoración de la presencia, el acompañamiento y la denuncia, pues coincidimos en los planteamientos fundamentales en el trabajo por lograr que dejen de existir estos centros. Y, a la vez, creo que descubren un rostro distinto de Iglesia y del ministerio al cliché o prejuicios que tienen. Una Iglesia que se involucra y que quiere ser “hospital de campaña”.

Un chico senegalés me dijo: “Gracias por ponerte tus zapatos y venir a visitarnos”

¿Qué le dicen las personas internas? ¿Cómo cree que le ven los propios migrantes?
¡Cuánto agradecen esas visitas! Son muy agradecidos, tan solo el hecho de reconocerles, de llamarles por su nombre, de saludarles con cariño y ternura, les hace sentirse reconocidos como personas en su dignidad. Recuerdo una anécdota: un chico senegalés, en una de las visitas, recién llegado al CIE, cuando le cuento que detrás hay muchas personas que están apoyándoles y trabajando por el respeto a sus derechos y dignidad, me dice, “Gracias por ponerte tus zapatos y venir a visitarnos”…

Y una vez que van entrando en la confianza, comienzan a relatar sus historias de dolor y sufrimiento que llevan alojados en sus mentes y en sus corazones. Son los sueños rotos. Tantas esperanzas y proyecto frustrados. Y tienen necesidad de verbalizarlos, de compartirlos, de encontrar oídos para escuchar y corazón para acoger.

Es claro que Canarias no puede soportar el volumen de llegadas, la solución estaba en permitir el tránsito hacia territorio peninsular

¿Cómo es la convivencia entre migrantes y autóctonos?, ¿y dentro de las comunidades cristianas?
En primer lugar, hay que decir, que ha habido un problema de gestión muy importante por parte del Gobierno. La ocupación de zonas turísticas como medida urgente, fruto de la improvisación…, pero a la vez se tenían que haber previsto protocolos de acogida humanitaria que contemplaran lugares de acogida dignos donde las personas migrantes recibieran el tipo de ayuda necesaria, no solo comida y cama, sino también atención psicosocial en su propio idioma, contribuyendo a superar el trauma que supone tener que migrar, y en las condiciones que lo ha tenido que hacer, el respeto al derecho a recibir asesoramiento jurídico…, así como los recursos necesarios para la integración, considerándolos ciudadanos de pleno derecho.

Es claro que Canarias no puede soportar el volumen de llegadas por eso la solución estaba en permitir el tránsito hacia territorio peninsular, abrir corredores y visados humanitarios que les permitan continuar su proyecto migratorio…

Cuando esto no se da, pues surgen las tensiones entre los autóctonos y las personas migrantes. Entonces se despierta el miedo, la xenofobia, el racismo que, como nuevo virus han inoculado a nuestro pueblo, y utilizado por algunos para medrar políticamente, haciéndole olvidar su pasado más reciente en el que muchos de nuestros antepasados también tuvieron que emigrar.

También es verdad, que en el pasado año llegaron a Canarias 23.000 personas y , por tanto, que las situaciones que se dieron de choque, no dejan de ser casos aislados. La ley se les tienen que exigir a todo el mundo también a las personas migrantes lógicamente. Pero esto es algo que ya habíamos denunciado, el hecho de convertir Canarias en un gueto insular hace que comience a reproducirse las condiciones propias de los guetos, hablamos de personas a las que la Delegación del Gobierno les decía que sí podían viajar a la península porque tienen pasaporte, sin embargo, se les retienen en el aeropuerto y se les impiden viajar… mientras se estaba manteniendo esta situación y desoyendo los derechos… lo normal es que fuera aumentando la sensación de malestar, los nervios…la tensión… esto le pasa a cualquier ser humano. Cuando se someten a las personas a tanta presión, a tanto sufrimiento añadido al que ya traen, después de haber resistido a una de las travesías más duras y difíciles, cuando además se hace como medida disuasoria por la obsesión ante el discurso del “efecto llamada”, pues las personas terminan explotando…

La solución era sencilla, como se viene haciendo en los últimos meses, permitir el tránsito a territorio peninsular, donde muchos tienen algún familiar, amigo, que les espera y donde existen disponibles dispositivos de acogida humanitaria, puesto que aquí no hay recursos suficientes, no se puede concentrar a tantas personas en un mismo punto, es necesario la distribución solidaria por el territorio.

Ante la desidia de la Administración comienza a organizarse en la Plataforma Somos Red, para acoger y atender a muchos jóvenes migrantes

Afortunadamente la situación se ha ido calmando, también por reacción de la ciudadana, que ante la desidia de la administración comienza a organizarse en la “Plataforma Somos Red” , para acoger y atender a muchos jóvenes migrantes que quedaron en situación de calle, por hacérseles insoportable las condiciones de vida en los campamentos . Frente a aquellos brotes de xenofobia y rechazo la ciudadanía se posicionó dando una respuesta, afirmando con su hacer, que, cuando la administración se pone de perfil, la ciudadanía se pone de frente.

Dentro de las Comunidades Cristianas hay que hacer un importante trabajo que también el Secretariado impulsa, sensibilizar a nuestras comunidades para que sean espacios de acogida, hospitales de campaña. Promoviendo una acogida integral, personalizada, generando procesos de inclusión y potenciando espacios de escucha y encuentro, lazos de amistad: por ejemplo, cafés-tertulias, acciones de patrocinio comunitario como pisos tutelados por miembros de las parroquias, grupos de escucha y orientación psicológica para gestionar la soledad, talleres de formación para personas recién llegadas y también talleres sobre la cultura del encuentro que ayuden a sensibilizarse y situarse a las comunidades que acogen.

Es urgente trabajar la “cultura del encuentro” como oportunidad de transformación personal y colectiva. Para que nuestras comunidades se transformen en “comunidades acogedoras”, desde la hoja de ruta que hace unos años nos marcó el papa Francisco, sintetizada en aquellos cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Cada comunidad cristiana tendrá que discernir cómo y qué aportar para convertirse en “comunidad acogedora”, y qué ha de modificar para ser percibida como “hogar espiritual”, “familia” y referencia para todos, los de siempre y los que van llegando. Valorando la riqueza de cada persona que llega y poniéndola en valor.

¿Cómo es ahora mismo la situación en Canarias en relación a la presencia de migrantes?
Ahora mismo, al permitir el tránsito hacia el territorio peninsular la situación se ha relajado un poco. Aunque siguen existiendo muchas personas migrantes en situación de calle. Alrededor de unas 4.200 personas migrantes están acogidas en Canarias. Pero continúa la llegada. Se prevé un repunte en los próximos meses.

Observamos con preocupación la llegada de muchas mujeres con bebés o embarazadas, no sabemos lo que puede haber detrás de este hecho

Observamos con preocupación la llegada de muchas mujeres con bebés o embarazadas, no sabemos lo que puede haber detrás de este hecho (¿trata?) Otra realidad que nos preocupa mucho es la de los menores no acompañados, 2.700 menores distribuido en una treintena de Centros de Menores, tutelados por el Gobierno de Canarias. Y nos preocupa, sobre todo, los extutelados, pues al cumplir la mayoría de edad son puestos en la calle, sin reconocimiento ninguno de sus derechos, convirtiéndose en “irregulares”.

¿Cómo está afectando a la cohesión de las Islas y qué posturas se están definiendo?
Creo que el fenómeno migratorio no afecta, al menos negativamente, a la cohesión de las islas, aunque es un territorio fragmentado y, evidentemente. No podía soportar el peso de las 23.000 personas migrantes llegadas el año pasado; sin embargo, ha habido una apuesta de las instituciones autonómicas e insulares, primero, por denunciar la gestión improvisada por parte del Gobierno central, el sistema de acogida, y no utilizar a Canarias como tapón, o como “islas jaula”, práctica llevada a cabo en las islas griegas. Y a la vez, aportar soluciones viables, como es el tránsito hacia el territorio peninsular, donde hay plazas dignas para las personas.

¿Cuál ha sido el papel de la Iglesia canaria?
Pues ha sido un papel muy activo y comprometido con la realidad de las personas migrantes. Desde el Secretariado de Pastoral de Migraciones, Cáritas, y movimientos eclesiales bajo el paraguas de la Mesa Diocesana de Migraciones, así como la Red Migrantes con Derechos, se han movilizado para denunciar, en todo momento, la pasividad, indiferencia improvisación y dejadez de los titulares de responsabilidad ante una realidad que se iba agravando, exigiendo al estado español responsable de gestionar los flujos migratorios que tuvieran previstos protocolos de acogida humanitaria que contemplen lugares de acogida dignos y eficaz, respetuoso con los derechos humanos.

La Iglesia ha estado a la altura de las circunstancias, ha sido realmente hacerse Iglesia samaritana, ofreciendo un testimonio de fraternidad en la acogida

La carta pastoral de los obispos canarios de las dos diócesis (Canarias y Tenerife), titulada “Escuchar el “Eco de Lampedusa” en las Islas Canarias”; la constante denuncia del obispo de Canarias, D. Jose Mazuelo de la vulneración de derechos; el pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Español y el compromiso de tantos creyentes en movimientos sociales, Redes y Plataformas… ha sido una respuesta en la que la Iglesia ha estado a la altura de las circunstancias, ha sido realmente hacerse Iglesia samaritana, ofreciendo un testimonio de fraternidad en la acogida; acompañando a muchas personas migrantes en el CIE y fuera de él, asesorando jurídicamente, sensibilizando a las comunidades y a la sociedad, denunciando la vulneración continua de derechos…

¿Cómo le acompaña, si lo hace, la HOAC en su compromiso?
Pues sí que me siento acompañado, por el movimiento, comenzando por el equipo y por el sector al que estoy vinculado. El apoyo en comunicados y pronunciamientos en Asambleas y encuentros del Movimiento, así como participando en acciones concretas organizadas por la Pastoral de Migraciones junto a otros colectivos sociales. La HOAC ha estado con una presencia activa en todo momento, interesándose por la situación, valorando, acompañando y animando el trabajo de los y las militantes en el campo de las migraciones.

¿Qué debería, o qué más podría, hacer la HOAC por la acogida y acompañamiento?
No recuerdo exactamente en qué ¡Tú!, se presentó un artículo titulado Los migrantes en tiempos de COVID-19. El artículo terminaba con unas propuestas muy concretas en “Apertura a la fraternidad”, recupero estos cuatro pasos que me parece interesantes para el movimiento: acompañar; concienciar, cambiar la mentalidad; denunciar y construir, vivir experiencias alternativas. Por aquí se nos abre un camino a transitar.

La inmigración representa, sin duda, un signo de los tiempos a través del cual Dios no está hablando. Decimos que “los pobres nos evangelizan” y podemos decir también que “las personas migrantes y refugiados nos evangelizan”. ¿Estamos abiertos a escuchar lo que nos dice Dios por boca de las personas migrantes y refugiadas que viven entre nosotros? Nuestras comunidades y movimiento, ¿son para las personas migrantes y refugiadas lugar de acogida, de protección, promoción e integración? A mí me están evangelizando. ¡Hasta mañana en el altar!