Otro mundo es posible: La “cuidadanía”

Otro mundo es posible: La “cuidadanía”

No me equivocado con la palabra, no es ciudadanía, es cuidadanía, como me pasó a mí también la primera vez que la vi, creyendo que era un error. Indagando sobre la palabra cuidadanía, me animó, tal vez por la pandemia, a hacer el cursillo “De la Ciudadanía a la Cuidadanía” de Cristianisme i Justicia. De hecho, el ordenador cada vez que la pongo la subraya en rojo, porque no la reconoce.

La cuidadanía viene de los cuidados y es un nuevo modelo social, un nuevo paradigma social, que quiere transformar el modelo social actual. No pretende ser una reforma del sistema imperante, sino cambiarlo. El modelo actual se basa en la autosuficiencia, en la autonomía y en los mercados y a este modelo le hemos ido añadiendo nuevas cuestiones como han sido el cambio climático, las cuestiones de género, la multiculturalidad, las migraciones…

En este modelo social, el cuidado se considera un apartado más de nuestra sociedad, relacionado con el cuidado con las personas enfermas y dependientes, un trabajo de salarios bajos, de economía sumergida o como una  tarea personal de ámbito doméstico sin remuneración alguna y realizado por mujeres. También los cuidados han entrado en la dinámica de los negocios como ha quedado reflejado en la pandemia, donde residencias privadas tienen escaso personal, mal formado, y las condiciones sociosanitarias eran deplorables e inhumanas. La respuesta para nuestros mayores fueron el aislamiento, la soledad y la ruptura de relaciones con sus familias. Muchos murieron por el coronavirus, pero, también hubo mayores que murieron de tristeza, de una inmensa tristeza.

¿Qué modelo social se propone desde la cuidadanía?

Se parte que el ser humano es vulnerable, de corporeidad frágil, interdependiente y ecodependiente y, por tanto, se pone en el centro de esta nueva configuración social la vulnerabilidad y los cuidados y todo lo demás debe girar alrededor de esto: El trabajo, la política, la sanidad, la educación, la sanidad, el ocio, la educación, la economía, etc. Se trata de poner las relaciones de los cuidados en el centro de todas las relaciones sociales, laborales, políticas y económicas. Es un modelo que pone el acento en los lazos que nos unen, que nos vinculan entre las personas y con la naturaleza. Es un modelo que dice que somos vulnerables, pero, no debemos ser vulnerados; es una modelo que dice que somos frágiles, pero, no debemos tener vidas precarias. En definitiva, no sobrevivimos sin los cuidados de los demás.

Es un modelo social que entra en conflicto con el capitalismo, con el patriarcado, con el colonialismo, con la guerra, con el afán de acaparar riquezas que causa tanto sufrimiento humano y que está destruyendo el planeta, poniendo en riesgo la propia existencia humana. Es un modelo social que entra en conflicto con la violencia, con ambición, con esas estrategias que utilizan nuestras vulnerabilidades y nuestra fragilidad para el chantaje y el sometimiento. Lo vemos en los millones de hambrientos, en los millones de personas que sus cuerpos no pueden más por el hambre y la sed y dejan de existir; los vemos en las miles de personas, muchos son niños y niñas, que mueren por las bombas y las balas, o que sus cuerpos quedan terriblemente heridos y mutilados. Los vemos en los cuerpos represaliados y violentados de los defensores y defensoras ambientalistas y de los derechos humanos.

Entra en conflicto con un sistema que desprecia la vida y las condiciones de vida en aras de aumentar el poder y la avaricia de las élites. Entra en conflicto con un modelo social que considera a los mayores un gasto y que los deja fuera de la vida, aparatándolos en espacios cerrados.

¿Qué supone que pongamos en el centro la sociedad la vulnerabilidad y los cuidados para posibilitar y hacer crecer la vida?

Supone considerar la política como una herramienta para facilitar la vida de cada ser humano, tomando decisiones desde el verbo cuidar que abarquen todos los ámbitos. Es decir adiós a las guerras, a esas guerras para mantener la hegemonía de las grandes potencias, saqueando los recursos de los países a través de las multinacionales, la violencia y la corrupción. Una política que no deja a nadie fuera de la sociedad, que no descarta, no desecha a nadie, porque los cuidados en la política es facilitar que cada persona, a cada familia un espacio y un tiempo para saborear la vida, desde los derechos y las obligaciones. Es una política al servicio de cuidar a la ciudadanía, sabiendo que siempre se va a producir una respuesta para curar las heridas físicas y sociales desde la justicia, sin dejar nadie atrás o abandonarlos en las cunetas de la sociedad.

Supone considerar el trabajo como una actividad para el desarrollo personal, para contribuir al bien común y al cuidado del planeta; para erradicar la siniestralidad laboral, para sustituir el trabajo en condiciones injustas e inhumanas por el trabajo digno y decente. El papa Francisco llama a poner el trabajo al servicio de cuidar la vida, cuyos parámetros ya no sean la rentabilidad, el beneficio, el consumismo, la precariedad, el paro, la pobreza, la explotación, sino la contribución del cuidado de la sociedad y de nuestra casa común. Si el trabajo no contribuye al cuidado del bien común, de la dignidad humana y de la creación, no se puede considerar un trabajo en toda su profundidad, y hondura; será una actividad productiva al servicio de los intereses económicos de las clases pudientes, que destruye, humilla y somete. Cuidar el trabajo significa cuidar a la persona, a la familia, al entorno social y natural. Significa cuidar la participación sindical, tender puentes, no ver al inmigrante o refugiado como un enemigo que me quita el trabajo, sino como personas que necesitan el cuidado desde la acogida y la integración. Cuidar el trabajo significa luchar contra la explotación, la opresión; significa interesarse por las condiciones laborales de mis hermanos y hermanas en cualquier rincón del mundo. Cuidar el trabajo significa defender y luchar por pensiones dignas y considerar al pensionista o jubilado no como una persona improductiva, como un gasto, sino como una persona que sigue aportando su grano arena en la sociedad.

Supone poner la economía al servicio de la persona como eje central, la persona lo primero, no al servicio del dinero idolatrado, como dice el papa Francisco. El dinero para hacer más dinero, para acapararlo en los paraísos fiscales. Una economía al servicio de los cuidados, de las relaciones en todos los ámbitos de la sociedad. No podemos cuidar en la educación dejando a miles de niños y niñas sin escolarizar. No podemos cuidar a las familias con trabajos precarios y con desahucios. No podemos cuidar sino tenemos un sistema sanitario universal y de calidad. Podríamos seguir poniendo más ejemplos, pero, os lo dejo a los lectores y lectoras.

Alguien podría pensar que este nuevo paradigma social de la cuidadanía es un bonito sueño, que no está mal. ¡Claro que es un sueño! Pero, un sueño que también se hace esperanza para transformar nuestra sociedad desde nuestra vulnerabilidad y desde los cuidados, que hace que nos cuidemos unos a otros porque somos frágiles, somos vulnerables, que cuidemos las relaciones sociales, laborales, políticas y económicas desde el bien común y la dignidad humana. Que cuidemos las relaciones entre países  con el respeto y el comercio justo. Merece la pena crear una sociedad donde sepamos cuidarnos.