Maru Megina, presidenta de la HOAC, acoge el llamamiento de Francisco a hacernos presente en las periferias

Maru Megina, presidenta de la HOAC, acoge el llamamiento de Francisco a hacernos presente en las periferias
Maru Megina, la presidente de la HOAC, organización de trabajadoras y trabajadores cristianos representada por Charo Castelló en el IV Encuentro de Movimientos Populares con el Vaticano, hace propio el llamamiento a hacernos presente en las periferias para “abrir caminos de esperanza y soñar juntos”.

Eso sí, subraya Megina sobre la invitación de Francisco a “construir una humanidad nueva y a ser protagonistas en este cambio”, “nunca por nuestra cuenta, nunca sin los que tienen que ser sujetos de este cambio”.

Ha acogido sus palabras como “la mejor inyección de ánimo y la mejor orientación que nos puede dar para seguir construyendo Iglesia en las periferias del mundo obrero”. Además, ha destaco que “las experiencias y luchas de las personas que viven en las periferias, los cartoneros, gentes de le economía informal, campesinos sintierra, luchadores por la justicia social y los derechos humano nos llena de ternura, de dolor por el sufrimiento de nuestros hermanos pero también de optimismo por su fuerza y su determinación”, ha reconocido Maru Megina.

Lo que le lleva a preguntarse si “ellos son capaces de organizarse, de resistir frente a tantas situaciones de exclusión deshumanización, desigualdad y muerte nos preguntamos, ¿no seremos capaces los que vivimos en condiciones mucho mejores de sumarnos a su lucha, apoyarlos con nuestra fuerza, construir comunidad con ellos?”

Inspirarse en la Doctrina Social de la Iglesia

Megina ha destacado el agradecimiento expreso dedicado a los movimientos populares, al os que da las gracias” y los califica como “poetas sociales, samaritanos colectivos”, capaces de ”luchar por la vida en un sistema de muerte” y les conmina a “contagiar a las generaciones presentes y futuras su capacidad de lucha por el bien común”.

Igualmente, ha valorado la importancia que tiene haber dirigido “peticiones muy concretas” a los grupos financieros, a los gigantes de las telecomunicaciones, a los países poderosos, a las empresas extractivas, a las productoras de armas…, pero también la apelación a las comunidades cristianas de inspirarse por la Doctrina Social de la Iglesia, cuando ha dicho que “tenemos que ir recreando sus principios y empeñarnos por el bien común, por el destino universal de los bienes y por poner a los empobrecidos en el centro”.

Ha reconocido que “ha sido emocionante y nos ha enternecido”, al tiempo que ha añadido: “pocas veces, alguien, desde el amor, ha sido capaz de hablar con tanta claridad de los males de este mundo, de señalar la raíz del mal sin culpabilizar directamente a las personas porque todas tiene perdón, de convencernos de que es posible la esperanza y ese sueño común; de concretar, al mismo tiempo, caminos para ir creando un mundo nuevo, ese Reino de Dios del que también nos habla”.

 

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