Cadenas

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Foto | Heidi Fin (unsplash)
En esta nuestra sociedad de la opulencia, casi en vísperas de la gran orgía del consumo –como cada año, para «celebrar» el cumpleaños de un sintecho– cunde el pánico atizado por noticias de escasez: mercancías que no llegan al Reino Unido, problemas con el transporte marítimo, carestía y escasez de materias primas, crisis de semiconductores, chips ausentes… ¡Cielos!, ¿qué haremos sin chips?

No podremos comprar coches, ni sustituir el móvil, reciente pero obsoleto porque carece de las aplicaciones ininterrumpidamente inventadas, ni acceder a los 1.001 adminículos que funcionan gracias a esos gnomos milagrosos.

Justo cuando salíamos de las estrecheces impuestas por la pandemia –que no ha acabado, pero se han relajado las estrecheces: la economía manda–, sobreviene esta amenaza, ataque a la línea de flotación de una sociedad que se mueve en una cinta de Moebius del consumismo, encadenando sin tregua orgía navideña con rebajas de enero, días de enamorados, padres, madres, nuevas rebajas y así hasta dejarnos sin aliento, ansiando, como la ilustración de El Roto, un día de descanso de compras.

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