Acompañando en el paro y la precariedad

Acompañando en el paro y la precariedad
«La realidad que vivimos nos sorprende y nos provoca, más aún, nos golpea y nos invita a pararnos, reflexionar, para después actuar. Es en esa realidad humana donde escuchamos la llamada de Dios y desde la que hemos de vivir el Evangelio como fuerza transformadora del corazón humano y de la sociedad».[1]

Cada día, en cada momento, somos puestos frente al espejo de la realidad, de nuestra realidad. Ese espejo refleja la realidad que cada uno de nosotros queremos o podemos ver, depende de la luz que dé en él esa realidad la veremos de una u otra manera. Si la luz que irradia en él es poca o ninguna, nuestro reflejo será oscuro y apenas podremos ver nada; por otro lado, si la luz es mucha nos deslumbrará y tampoco podremos ver nada. Sin la luz adecuada no podremos ver en ese reflejo a las personas en paro o situación de precariedad; en nuestro espejo esas personas serán apagadas por la oscuridad del miedo a perder el empleo, apagadas por la oscuridad del miedo a perder nuestra posición «favorable», apagadas por la oscuridad de «él se lo habrá buscado», apagadas por la oscuridad del individualismo reinante en la sociedad actual. El paro y el precariado, también, será deslumbrado por la potente luz de la «fiebre del oro», deslumbrados por el brillo de las monedas y el dinero, deslumbrados por la codicia y el egoísmo de querer tener más por encima de cualquier cosa. ¿Qué luz da en tu espejo?

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