Francisco reclama una economía que cuide el trabajo y fomente las condiciones laborales dignas

Francisco reclama una economía que cuide el trabajo y fomente las condiciones laborales dignas
En su videomensaje con motivo del VII Día internacional de oración y reflexión contra la trata de personas ha denunciado que el capitalismo neoliberal es “un terreno fértil” para la esclavitud de personas que se nutre de la desigualdad, de la pobreza y de la injusticia. Reclama una economía basada en tres pilares: el cuidado de las personas y la casa común; con reglas de mercado que promuevan la justicia; y planificada, conjugando beneficio legítimo con el fomento del empleo y las condiciones dignas.

En el videomensaje, Francisco señala que la economía debe “prestar atención a las personas y a la naturaleza, ofreciendo productos y servicios para el crecimiento del bien común. Una economía que cuide el trabajo, creando oportunidades de empleo que no exploten al trabajador mediante condiciones laborales degradantes y horarios extenuantes”. En este sentido, el Papa es consiente que la pandemia “ha exacerbado y empeorado las condiciones de explotación laboral; la pérdida de puestos de trabajo ha castigado a tantas víctimas de la trata en el proceso de rehabilitación y reinserción social”. Citando su última encíclica apunta a que “en estos momentos donde todo parece diluirse y perder consistencia, nos hace bien apelar a la solidez que surge de sabernos responsables de la fragilidad de los demás buscando un destino común.” (Fratelli tutti, 115). Por lo tanto, una economía del cuidado significa una economía de la solidaridad: trabajamos por una solidez que se conjuga con la solidaridad. Estamos convencidos de que la solidaridad, bien administrada, da lugar a una construcción social más segura y firme (cf. ibíd.).

Con reglas y criterios éticos

En una segunda parte de su mensaje, Francisco apuesta por una economía “con reglas de mercado” que promuevan la justicia “y no intereses particulares exclusivos”. Denuncia el capitalismo neoliberal por ser “un terreno fértil” para la trata de personas al encontrar en “la desregulación de los mercados” el principio de “maximizar las ganancias sin límites éticos, sin límites sociales, sin límites ambientales”. “Si se sigue esta lógica, –apunta– solo existe el cálculo de ventajas y desventajas. Las decisiones no se toman en función de criterios éticos, sino en función de los intereses dominantes, a menudo hábilmente revestidos de una apariencia humanitario o ecológico. Las decisiones no se toman mirando a las personas: las personas son uno de los números, también para explotar”.

De construcción valiente y paciente

Finalmente, el Papa apuesta por una economía valiente en la que “hace falta valor. No en el sentido de la temeridad, de las operaciones arriesgadas en busca de ganancias fáciles. No, no en ese sentido”, sino que promueva “la construcción paciente, de la planificación que no mira siempre y solo a la ventaja a muy corto plazo, sino a los frutos a medio y largo plazo y, sobre todo, a las personas. El valor de conjugar el beneficio legítimo con el fomento del empleo y las condiciones de trabajo dignas”