La mesa de diálogo social que aborda la reforma laboral se reúne en un clima creciente de desencuentro

La mesa de diálogo social que aborda la reforma laboral se reúne en un clima creciente de desencuentro

Previamente a la reunión prevista para hoy, martes 30 de marzo, de la mesa del diálogo social sobre modernización del mercado de trabajo, se han venido manifestando algunas posiciones que van a marcar, sin duda, el devenir de este espacio de concertación.

En una reciente comparecencia de Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, realizada en el Congreso, expresó la voluntad política del Gobierno –ella lidera este mesa del diálogo social en representación del Ejecutivo–, de “abordar la asignatura pendiente de la democracia en España: el trabajo decente”. El anuncio es pertinente.

Acometer este cambio contracultural en el marco de las relaciones laborales va a requerir de mucho diálogo, pero sobre todo, va a necesitar que se generen las condiciones adecuadas para favorecer que la centralidad de la persona ocupe el lugar que le corresponde y se modifiquen aquellas que la supeditan a intereses economicistas. Esto, en síntesis, son política concretas. Comenzar a desmontar la reforma laboral, pensada para someter, en condiciones precarias, a los trabajadores y las trabajadoras y debilitar las prácticas solidarias y los derechos –como es la negociación colectiva–, sería comenzar adecuadamente esa asignatura.

En esta dirección se expresa Pepe Álvarez, secretario general de UGT, cuando plantea que es el Gobierno quien debe concretar las propuestas para desmontar la reforma laboral, sobre la que avisa que su sindicato no encuentra “absolutamente nada que merezca la pena para mantener el empleo, los derechos de los trabajadores y para mejorar el propio sistema productivo del país”. En su opinión, este es un punto de partida fundamental para avanzar en la modernización de las relaciones laborales.

Sin embargo, Unai Sordo, secretario general de CCOO, apunta a dos fases, delimitadas en el tiempo, y contenido concreto. En una primera fase, que concluiría antes del verano, se abordarían la ultraactividad de los convenios, la prevalencia del convenio sectorial sobre el de empresa, subcontratación y comisiones ad hoc…, es decir, los aspectos más lesivos de la reforma laboral. Y en una segunda fase, más abierta al tempo de diálogo de la mesa, se tocaría lo relativo a la flexibilidad interna, la adaptación de los ERTE, la contratación, el despido y aquellas medidas que jibaricen la fragmentación y dualidad del modelo laboral.

Un proceso de diálogo acompañado por la movilización sindical –me consta que próximamente se anunciará una nueva movilización, previa al Primero de Mayo– en el que sobrevuela el conflicto entre partes. Así las cosas, el anuncio de la ministra debe buscar pista de aterrizaje.

En esta aproximación al campo de juego del diálogo social –en la mesa más importante–, la posición de CEOE-CEPYME rechaza el itinerario planteado por los sindicatos, con el argumento de “ahora no toca” por la situación económica. Son las viejas lógicas de la cultura del descarte que no admiten respetar la dignidad de los trabajadores y las trabajadoras ni la del trabajo. Bloquean así cualquier posibilidad de diálogo y, al mismo tiempo, provoca discrepancias en el Ejecutivo, entre la cartera de Economía y la de Trabajo.

Si la primera reunión comenzó con posiciones muy encontradas, para este segundo encuentro el diapasón que suena chirría con la naturaleza de la propia mesa de diálogo social y con el objetivo de avanzar en el cambio sustancial de las relaciones laborales para profundizar por la senda irrenunciable del trabajo decente, como Dios quiere.