El proceso sinodal, reto para los movimientos y la pastoral del trabajo

El proceso sinodal, reto para los movimientos y la pastoral del trabajo
Posiblemente, este sínodo universal es el acontecimiento eclesial más importante desde el Vaticano II y algo inédito en la historia de la Iglesia.

Nos jugamos la respuesta a las demandas de evangelización que tiene el mundo actual, nuestro país y el mundo obrero y del trabajo.

Veamos las novedades. Por un lado, de contenido: «De hecho, la sinodalidad no es un eslogan, sino un estilo y una forma de ser con la cual la Iglesia vive su misión en el mundo» (Vademecum, 1, 3); por otro, la fórmula elegida de pirámide invertida, porque hemos comenzado por la base, en las parroquias, movimientos apostólicos, etc., en el marco de la Iglesia diocesana; en tercer lugar, el método: la escucha activa y recíproca en los grupos sinodales, porque, al escuchar a los demás con respeto y en actitud orante, vamos escuchando lo que nos dice el Espíritu.

En una Iglesia sinodal, que anuncia el Evangelio, todos «caminamos juntos» y nos estamos preguntando cómo se realiza hoy este «caminar juntos», para terminar proponiendo qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro «caminar juntos».

El núcleo de la fase diocesana son las reuniones de los grupos sinodales (Vademecum, p. 61) con estos ingredientes básicos: orar, escuchar y hablar con parresia, reflexionar, discernir y proponer. Se nos invita a escucharnos en un proceso espiritual y de conversión, para discernir lo que nos dice el Espíritu, en un triple nivel: parroquial/comunitario, diocesano y de Iglesia universal; es decir, se trata de un proceso de conversión personal, comunitaria y pastoral.

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